*Foto de Alfred Cheney
Johnston.
La función del cuentista*
El Bajo, madrugada. En el Bar Verde me
encuentro con Tusitala, el moreno tamborilero que hace años supo ser cocinero
jefe de una tribu de antropófagos reflexivos, en Africa.
-Tengo una historia para usted -me dice
Tusitala-. Me la relató un misionero que capturamos en la selva, un tal Spencer
Holst, tipo curioso, había aprendido el idioma de los gatos y hablaba con ellos
como si fueran personas. La cuestión es que ya estaba por tirarlo a la olla
(pensaba prepararlo a la cazadora con papas) cuando dijo que quería contarnos
una historia. A la gente de aquella tribu le enloquecían los cuentos. Así que
suspendimos todo y lo rodeamos para escucharlo.
-Usted tiene la virtud de despertar inmediatamente
mi interés, Tusitala -le digo.
-Resulta que en un tiempo el misionero
había andado por Bali. Usted sabe que Bali es un lugar maravilloso, siempre es
primavera, todo es verde esmeralda, las mujeres son hermosas y andan con los
pechos desnudos y adornadas con colgantes de oro, jade y laca púrpura, y se la
pasan bailando al compás del gamelán.
-Siempre logra asombrarme con sus
conocimientos, Tusitala.
-Me limito a repetir lo narrado por el
misionero. El Radja de Klunckung, príncipe y señor del lugar, había sufrido
terribles heridas en la cara, hacía muchos años, a raíz de un incendio en el
puri, o sea, el palacio. Sus cicatrices fueron cubiertas con maquillajes y
pinturas indelebles. Con el tiempo ya nadie se acordaba de cuál era su
verdadero rostro. Rodeaban al principe siete ayudantes cuyas funciones eran
dirigir, administrar y alabar.
- ¿Alabar a quién?
-Cada día de la semana, por turno, uno de
ellos se quedaba junto al príncipe y se dedicaba a halagarle la vanidad. A esa
tarea se la llamaba kupiunga, ceremonia de la alabanza. Los consejeros también
se encargaban de organizarle diversiones, proveerle los manjares más
exquisitos, las mejores bebidas y las mujeres más hermosas.
- ¿Mujeres jóvenes?
-Sin duda. Los agasajos mayores los recibía
el Radja durante la Galunga, fiesta que comenzaba al sonar de kulkul, duraba
quince días y en la cual participaban todos los súbditos. Imagínese que cada
ofrenda medía dos metros de altura y se necesitaban tres hombres para
levantarla y colocarla sobre las cabezas de las mujeres, que eran las
encargadas de transportarlas.
- ¿En qué consistían las ofrendas?
-Todo lo que usted se pueda imaginar.
-Piedras preciosas, telas, artesanías,
pájaros embalsamados, trofeos, dinero.
-Dinero, no. Porque las kopong, antiguas
monedas con su característico agujero cuadrado en el centro, prácticamente
habían desaparecido de circulación. Se decía que, en realidad, todas habían ido
a parar al bolsillo de los siete consejeros. Una de sus tareas era analizar las
ofrendas y parece que acostumbraban ir quedándose con lo más sustancioso para
certificar la calidad. Les correspondía a ellos, por ejemplo, comprobar si las
niñas destinadas al Radja eran vírgenes.
-No eran tontos esos tipos.
-Resulta que andaba por ahí un actor de
mala muerte, que comía salteado y que un día decidió sustituir al Radja.
Durante la Galunga, aprovechando que la guardia se había emborrachado por el
exceso de tuak, que es un vino de palma, se introdujo en el puri, clavó un kris
en el corazón del Radja, lo arrojó a un pozo profundo, después se maquilló
adecuadamente y lo reemplazó. Y así comenzó a gozar de la buena vida: comidas
de primera, bellas mujeres, regalos y honores.
- ¿Nadie lo descubrió?
-Imposible, por lo de la cara deforme.
-¿Y cuando hablaba?
-El Radja siempre había dicho sólo tonterías,
así que el actor simplemente se dedicó a imitarlo. Aunque en realidad este
asunto del reemplazo venía ocurriendo con bastante frecuencia. Dos por tres
surgía algún ambicioso con ingenio que mataba al falso príncipe de turno.
Porque el verdadero había sido asesinado y sustituido hacía muchísimo tiempo,
después del accidente del fuego. Así que los que le venían sucediendo eran
todos impostores.
- ¿Cómo es posible que nadie se diera
cuenta?
-Bueno, los siete consejeros si estaban
enterados. Sabían de las sustituciones desde el principio.
- ¿Y no desenmascaraban a los usurpadores?
- ¿Para qué? Ellos, los consejeros, no
cambiaban, eran siempre los mismos. La pasaban bárbaro estando donde estaban,
digitaban todo y hacían muy buenos negocios. Por lo tanto, como les daba lo
mismo quién estuviese en el trono, la cosa siguió así para siempre.
-Lo invito una copa, Tusitala, se la ganó,
su relato acaba de iluminarme como una revelación.
-Esa es la función del cuentista, mi amigo.
-Una pregunta: ¿se lo comieron nomás a la
cazadora con papas?
-No. Por decisión unánime de la tribu lo
dejamos partir y lo despedimos con ovaciones. Ya le dije que a los antropófagos
reflexivos les gustaban las buenas historias.
*Por Antonio Dal Masetto.
*Antonio
Dal Masetto. (Intra, Italia 14 de febrero de 1938 - Buenos Aires, 2 de
noviembre de 2015)
La
angustia luminosa de los otros*
Leyendo "La vegetariana" de Han
Kang en verano, el libro apoyado en el borde áspero de la pileta y el cuerpo
sumergido hasta los hombros en el agua fría. Por afuera y alrededor, chillidos
de pájaros, algún gato sigiloso en el tapial, lentas corrientes de más alta o
más baja temperatura, haciéndome notar que mi cuerpo sigue existiendo y tiene
vida y sensaciones, mientras la voz de Han Kang surge de las letras, precisa,
construyendo una realidad que quizás sea esta misma, pero narrada con crudeza y
a la vez una minuciosa elección de cómo decir, cómo narrar la angustia luminosa
de los otros empujando, esperando cosas de nosotros, dándonos una forma que no
era la nuestra.
En el libro los cuerpos sufren, se hacen ajenos, las personas se
encaminan hacia lo animal, vegetal, lo inerte, hacia el no ser para huir de
unas prisiones que por maldad, bondad, descuido o simple inercia nos construyen
los demás.
Cuando finalizo la lectura, con la maravilla y el espanto de quien ve en
detalle algo terrible, cometo el error de leer los extractos de las reseñas de
críticos de grandes medios en la solapa. Encuentro "cambiar sin permiso de
los demás" ¿Leyó el libro o sólo miró el título? "Despierta incluso
los paladares literarios más saciados" ¿De veras? Después de un grito
terrorífico, después de una originalidad expresiva ¿se puede comentar con tal
adocenamiento? "El deseo de ser distinto como una amenaza" ¿Qué dice
esta gente? Luego del cuidadoso trabajo de Hang Kang para no caer en
definiciones estrictas, ideologías o enumeración de simplezas, la solapa da
pena con su visión tan coyuntural, tan simple y tan proclive a catalogar lo
huidizo, lo evanescente, en duras piezas de madera. Entiendo que mi desagrado
sobrevuela esas reseñas y se extiende sobre lo absurdo de una cultura categorizante,
condenatoria, poco sutil, admonitoria y falsamente inclinada hacia lo humano.
Vuelvo sobre algunos párrafos, salgo de la pileta con la felicidad de
encender la luz aunque lo que podamos ver no sea agradable.
*Por Mónica
Russomanno. russomannomonica@hotmail.com
*
Hemos pasado tanta
vida
dando vueltas
en esta torre de
Babel.
¿Qué hubo
detrás de tu idioma de
agua?
¿Qué símbolos
vedados para mí
nombró tu boca?
¿Cuántas veces
laceré
tu corazón
con mi lengua de
fuego?
Tal vez
el amor
deba prescindir
de la brutal sentencia
de las palabras.
Y fundarse
en una región
deshabitada,
más allá de lo
innombrable,
donde mirarnos
sea, apenas,
comprendernos.
*De Mariana
Finochietto. mares.finochietto@gmail.com
-Mariana
nació en General Belgrano, provincia de Buenos Aires, en 1971. Actualmente
vive en City Bell.
Publicó: Cuadernos de la breve ceguera (La Magdalena, 2014)
Jardines, en coautoría con Raúl Feroglio (El Mensú,
2015)
La hija del pescador (La Magdalena, 2016)
Piedras de colores (Proyecto Hybris, 2018)
El orden del agua (GPU Ediciones ,2019)
Madura (Sudestada, 2021)
Quiero sacar la cabeza
por la ventanilla de tu coche (Halley Ediciones, 2023)
Patio (elandamio ediciones, 2024)
Poesía reunida (Medusa editores, 2024)
Trinchera (Sudestada, 2025)
Desviadero, (Editorial Mascarón de proa, 2025)
Mundial
de Futbol 2026, el nuevo circo romano*
*Por Alejandro
Badillo. badillo.alejandro@gmail.com
A una época en crisis le corresponde un
espectáculo en crisis. Desde las primeras décadas del siglo XX, el futbol
profesional se convirtió en un espectáculo de masas y en un legitimador
político. Al igual que los Juegos Olímpicos, el Mundial es una suerte de
empresa trasnacional que pone bajo sus órdenes a gobiernos de cualquier
ideología. Todos quieren organizar la competencia que sucede cada cuatro años
porque es sinónimo de prestigio y desarrollo. Brasil organizó su Mundial en
2014, cuando el país –gobernado por Dilma Rousseff– aún gozaba de credibilidad
internacional por el auge de las materias primas y las políticas sociales
iniciadas en el período de Lula da Silva. Rusia organizó su Mundial en 2018,
cuando el régimen de Vladimir Putin presumía sus lazos con las potencias
globales y se vendía como un régimen integrado al mercado global.
El
futbol fue, en sus inicios, un deporte popular. Una buena reconstrucción de sus
orígenes y, particularmente, su fuerza política, se puede encontrar en Una historia popular del futbol, de
Mickaël Correia. El futbol se empezó a practicar, según el periodista francés,
como un entretenimiento sin reglas que involucraba a toda la comunidad y se
desarrollaba en calles, casas y cualquier lugar común. Con el transcurso del tiempo,
las clases altas intentaron domesticar el juego, pues pervertía el orden
establecido. El evento recordaba el espíritu carnavalesco que servía como
cohesionador de los pueblos.
Ya en el siglo XIX comenzó la
transformación de juego en deporte y, posteriormente, en actividad profesional.
La miniserie de Julian Fellows –creador de la exitosa Downton Abbey-The english game (2020) aborda la confrontación entre
los primeros clubes ingleses en los que participaban los terratenientes de la
época y la progresiva introducción de equipos de obreros pertenecientes a la
pujante industria textil. Como suele suceder en las producciones de Fellows, el
conflicto de clase se soluciona de manera tersa con cada bando aceptando su
lugar en la pirámide social. Sin embargo, como muestra el libro de Correia, el
futbol ha sido un instrumento de reivindicaciones políticas para la clase
popular, particularmente en el Sur Global. El futbol sirvió, por ejemplo, como
modelo de resistencia en tiempos del nazismo y también –con los grupos de
aficionados– como organizador para combatir al poder durante las protestas
contra el gobierno egipcio de Hosni Mubarak en 2011. La población palestina ha
encontrado en el futbol un modo de visibilizar su lucha y las mujeres inglesas
–Las Munitionnettes– desafiaron la jerarquía masculina organizando partidos y
una liga propia a finales del siglo XIX.
Un espectáculo para la
distopía
La captura del futbol por la industria del
entretenimiento ha generado una enorme fortuna que gestiona la Federación
Internacional de Futbol Asociación (FIFA) y las asociaciones de los diferentes
países que son, de facto, oligarquías controladas por grandes corporativos de
medios de comunicación y construcción, entre otras ramas. El futbol profesional
se vende 24 horas al día en pantallas de todo el mundo. Periodistas, locutores
y los llamados influencers se
encargan de no dar descanso a los seguidores de los equipos quienes, a la
postre, tienen que contratar diferentes plataformas para poder seguir los
partidos. Los dueños de los clubes más poderosos –Florentino Pérez del Real
Madrid es el mejor ejemplo– usan al futbol y su influencia para presionar al
Estado y gestionar sus negocios fuera de los controles democráticos. Esto lo
describe Fonzi Loaiza, doctor en Medios, Comunicación y Cultura por la
Universitat Autònoma de Barcelona, en su libro Florentino Pérez, el Poder del Palco.
El multimillonario negocio del futbol entró
en una nueva etapa con el Mundial realizado en Qatar en 2022. En el pasado, la
FIFA no había tenido problemas para hacer negocios con dictaduras como en
Argentina en 1978, y tampoco tuvo problemas al otorgar la sede a una monarquía
que viola los derechos humanos, en particular de las mujeres, y funciona, en la
práctica, como un corporativo petrolero. Conforme se acercaba la fecha para el
Mundial –realizado entre noviembre y diciembre de 2022 para evitar las altas
temperaturas de la región– se difundieron noticias sobre la explotación laboral
de trabajadores migrantes en la construcción de los estadios, que incluyó
muertes no reconocidas por la FIFA ni por el gobierno del país. El dinero, al
final de cuentas, era lo que importaba.
Ahora, el Mundial organizado por Canadá,
Estados Unidos y México parece ir un paso más allá en un espectáculo a la
altura de cualquier distopía imaginada años atrás. Estados Unidos
–el país con más juegos– tiene a una
organización paramilitar ICE (Servicio de Inmigración y Control de Aduanas) en
las calles de varias ciudades protagonizando ejecuciones extrajudiciales con
absoluta impunidad, transmitidas en vivo por los manifestantes y justificadas
por el poder con un discurso irracional y lleno de odio. Al presidente Donald
Trump, en su segunda etapa en la Casa Blanca, no le preocupa la imagen de su
país, pues los turistas siguen llegando a Estados Unidos, incluso los
mexicanos. Sin importar las amenazas del gobierno, los aficionados parecen
alejados de esta realidad, pues no se ha registrado una cancelación masiva de
boletos que, por otro lado, son vendidos y revendidos –con tarifas dinámicas
gestionadas por algoritmos para exprimir más las ganancias– en un sistema que
imita las subastas. En el caso de México, una de las tres sedes, destaca con el
descubrimiento de quinientas bolsas con restos humanos en el Estadio Akron, en
Jalisco. El hecho mereció, entre otros, un artículo en el diario español El País titulado “Un estadio mundialista
rodeado de cadáveres”. La macabra ofrenda parece que quedó en el olvido por el
frenesí del evento que se celebrará en el verano de este año. Sin embargo, no
deja de ser inquietante el patrón del que forma parte: lugares turísticos y
centros de entretenimiento rodeados por fosas clandestinas que apenas merecen
una nota periodística o un espacio en el conteo de muertos y desaparecidos en
México. El periodista Andy Robinson, en su libro Turismo de terror. Diez antiviajes en América Latina publicado el
año pasado investiga las desapariciones y muertes de trabajadores que son
atraídos por la industria turística en Cancún. A un lado de los grandes hoteles
y casinos yacen olvidados los cadáveres de aquellos que no pudieron sortear el
filtro impuesto por el crimen organizado.
Hoy como ayer
Es tentador imaginar el Mundial 2026 como
una suerte de nuevo circo romano, el Circus Máximus. Partiendo del colapso de
Roma vigente
en el imaginario popular y sin los matices
que ofrece la historiografía especializada,
podemos encontrar similitudes interesantes. El historiador alemán Ludwig
Friedlaender dedica un capítulo de su extensa obra La sociedad romana. Historia de las costumbres en Roma, desde Augusto
hasta los Antoninos a la máxima diversión de aquella época: las carreras de
carros. Como sucede ahora, el espectáculo acumulaba cada vez más fechas en el
año para enriquecer a los contratistas. Las carreras se exportaban a otras
regiones del imperio. Roma experimentaba su largo declive durante los tres
primeros siglos de nuestra era mientras la gente hablaba de los mejores
caballos y la habilidad de los aurigas –los conductores. Los emperadores
–algunos de ellos aún famosos en nuestros días por su excentricidad y crueldad,
como Nerón o Calígula– aplicaban la frase panem
et circenses (“pan y espectáculos del circo”, extraída de una sátira de
Juvenal) para mantener a la población lejos de la política y preocupada por los
resultados de las carreras, justo como sucede en la actualidad con los
espectáculos deportivos omnipresentes en las pantallas globales.
Quizá la pasión por el futbol y los templos
en los que se le rinde culto sobrevivan incluso en un escenario de colapso social
en nuestro siglo. En el libro de Ludwig Friedlaender destaca esta anécdota:
El presbítero Salviano de Masilia escribe
que cuando los pueblos bárbaros amenazaban las murallas de Cirta y Cartago (año
439), los cartagineses corrían como locos a presenciar las carreras del circo.
Después de haber sido conquistada y destruida por tres veces la ciudad de
Tréveris, algunos nobles treverenses que habían sobrevivido a la triple
catástrofe pidieron a los emperadores que se organizasen en la ciudad en ruinas
espectáculos circenses, los cuales, de haber llegado a celebrarse, habrían
tenido por escenario un montón de escombros y cenizas entreverados con los
huesos de miles de muertos.
-Fuente: La Jornada semanal.
https://semanal.jornada.com.mx/2026/02/14/mundial-de-futbol-2026-el-nuevo-circo-romano-535.html?
*Alejandro Badillo. (Ciudad de México,
1977)
-Es
autor de los libros de cuento: Ella
sigue dormida
(Tierra Adentro), La herrumbre y las huellas (Eeyc), Vidas volátiles
(BUAP),
Tolvaneras (SC Puebla), El clan de los estetas (Universidad
Veracruzana.
Premio Nacional de Narrativa Mariano Azuela),
La
Habitación Amarilla por Editorial BUAP.
-Las
novelas La mujer de los macacos
(Libros Magenta),
Por una cabeza (Premio
Nacional de Novela Breve Amado Nervo). Y
Reconstrucción
Ediciones EyC.
Anna*
El hombre ha salido a caminar sin
dirección, fuma y sus pasos y sus divagaciones lo llevan lejos. Nubes fugitivas
en el cielo nocturno, temblor de luna, tibios reflejos de faroles en las calles
empedradas, árboles podados, ramas apiladas sobre las veredas y, al doblar una
esquina, una figura parada en la mitad de cuadra, un descubrimiento para el
hombre que vaga por la ciudad vacía.
La muchacha permanece detenida, vuelta
hacia él y parecería que lo mirara o lo aguardara, tiene flores en las manos y
sus ojos están en sombra. También el hombre se detiene y ahí permanecen,
observándose, mientras transcurren los segundos y el hombre sabe, súbitamente,
como en una revelación, que el nombre de la muchacha es Anna y que las flores quizás
sean para él.
Después ella da media vuelta y comienza a
caminar y el hombre la sigue y no acorta distancia y allá van por calles y
calles, entre las casas mudas y los gatos, y siempre hay nubes arriba y
temblores de luna y de tanto en tanto la muchacha gira la cabeza, tal vez para
comprobar si el hombre continúa detrás de ella, tal vez para incitarlo a que no
abandone la persecución. Y el hombre, a la distancia, comienza a conversar con
la muchacha y su discurso es confuso y es lento y no pasa de ser un susurro,
aunque está seguro de que ella, allá adelante, lo escucha. Murmura: En esta
tierra rica fundamentalmente de cosas perdidas, tierra de atrocidades,
indiferencias y miserias, no me resultará fácil hablarte. El hombre intenta e
intenta y se esfuerza por construir una historia coherente. Y así avanzan y hay
más calles y faroles y jardines y plazas.
Y ya no importa si esta necesidad de
confesión es apenas un torpe ronroneo en el gran silencio que lo rodea. El
hombre comprende que la muchacha que lo precede ha venido a convocarlo, que
éste no es un paseo gratuito. Comprende que es tiempo de balances, rendiciones
de cuentas. El aire está poblado de señales, voces rotas, llamados difusos,
rubores de la memoria, nombres trabajosamente rescatados, enarbolados ahora por
encima de muertes, olvidos, desprecios e ironías, nombres que vuelven
intermitentes con los rumores que el viento trae un instante y arroja
nuevamente a las aguas de la noche.
Ya no importa la torpeza, la confusión, las
palabras que no acuden o que la imaginación niega. Ya no importa nada de eso.
Porque ahora ahí está la muchacha marcando camino, guiando, abriendo una
brecha, despejando. La volátil y firme figura de la muchacha nocturna, imagen
que no transige, que no sucumbe, que no habla de derrotas, pero sí de firmezas
y permanencias y sin duda de una obstinada libertad.
Paso ligero de la muchacha a través de la
ciudad dormida, reverenciando, rescatando, enalteciendo para la noche del
hombre que la sigue, para sus horas futuras, las imprevisibles, las fuertes
oscilaciones de la vida. Entonces, una vez más, alrededor del hombre, la noche
vibra de significados nuevos, alberga años y sabor de juventudes y caminar
detrás de la muchacha por calles nuevamente familiares, después de tantos
voluntarios o forzados exilios, en este septiembre cambiante, es retomar viejas
sendas y descubrirse entero y dispuesto, sacudido por estremecimientos
olvidados, inconsciencias, locuras, alimentos para raíces de otros tiempos.
La hora se carga de certezas, aquella figura
va opacando dudas, pone ráfagas de asombro en el silencio de los días. Y
nuevamente la muchacha gira la cabeza, muestra brevemente su perfil y avanza y
todo el tiempo parecería decir: También éste, como siempre, como todos,
precisamente éste, es el momento decisivo.
*Por Antonio
Dal Masetto.
"Reventando Corbatas" Torres
Aguero Editor. Bs. As. 1988.
*Antonio Dal Masetto.
(Intra, Italia 14 de febrero de 1938 -
Buenos Aires, 2 de noviembre de 2015)
La
escritura diminuta del mundo diminuto*
*Por
Miriam Cairo
DIASPORA
Sacar la realidad del lugar de la realidad.
La palabra del lugar de la palabra. El sexo del lugar del sexo. El género del
lugar del género. Y ponerlos en el territorio imperceptible. Colocarlos en el
escalafón de la leche materna. Milagro que no existe hasta que no bebemos.
Colocar todo bien lejos, para empezar a ver algo más de lo que creemos. Sütra
escritura. Käma Sütra sensorial. Sütra verbal. Rayos en puntas de pie sobre la
diáspora.
MIGRACIONES
A las culonas se les acabaron las palabras.
Se comunican como sordomudas con las manos. No guardan más el lugar en sus
cosas. Sólo buscan movimiento. ¿A dónde van las partículas con probabilidad de
existencia nula? Las culonas son una experiencia de migración del tiempo, del
lugar y de otras cosas. Peregrinan hacia sí mismas bellas hasta la
desesperación. ¿Cuánto más harán para desenlazarse?
CUANTICA
Al parecer, cualquier estado físico puede
ser expresado por una luminosa secuencia de vectores. ¿Para qué ser poeta? El
dominio esencial entre el dios y el diablo sólo lentamente puede averiguarse.
Sus magnitudes físicas, inobservables, comienzan a palparse cuando nos
enteramos de un accidentado tejido llamado espacio. La realidad se ha
terminado. Su límite es infranqueable. Y las culonas no andan lejos de estas
deambulaciones.
BOTELLAS
Lo curioso es que las botellas tomen forma
de libro. Ardides de la embriaguez. Queda mucho mejor quedarse dormido con un
libro que con una botella. Orión está al pie de las deconstrucciones con su
gran nebulosa, con sus dos gatos saltando en el balcón que da a las azaleas.
Pero hay algo sorprendente en todo esto: más que plantear la decisiva cuestión
de la responsabilidad intelectual de un gato sobre sus lecturas, alguien podría
explicar que una y otra embriaguez, la del libro y la de las botellas, irrumpen
decisivamente en experiencias levitantes.
BOOM
A Ursula la hizo levitar el boom. A la
princesa, no la hizo levitar Darío sino el lobo de otra princesa encabritada.
Eros levitó a oscuras en el lecho de Psique. Heisenberg levitó con el orbital
atómico en la Universidad de Gotinga, donde antes había levitado Lichtenberg, el
viejo coleccionista de tormentas. Tras lo cual, Orión se sacó el cinturón para
levitar como un relámpago en el centro del lobo de la princesa culona.
LEVITACIONES
Las culonas levitan al alba. Las culonas
levitan sin tiempo ni espacio. Levitan escondidas en la ternura de la noche,
pasmadas, sin ganas de volver a caminar. Levitan con el capullo en la mano. Con
el capullo en la boca. Con el capullo abierto. Con el capullo cerrado. Levitan
en los ascensores como astronautas. Levitan como recién nacidas en el tracto de
una princesa transtextual. Cualquier otro hombre que no fuera princesa,
cualquier mujer que no fuera lobo, ¿podría imaginar mutuas y arriesgadas
levitaciones? Las culonas como, el universo, no son puntos, sino pequeños hilos
vibrando.
MICHAUX
Resulta que la medida siempre acabará
perturbando el propio sistema a medir. Soy el ser que inspira. El ser que
tiembla. El ser que Michaux hace levitar con un dedo meñique, aunque el índice
rompe la realidad de límites infranqueables y el pulgar insinúa, trepa hasta lo
que el mayor restituye como un padre que penetra seis mil láminas de princesa
deslumbrante.
LIBRO
Dijo la princesa que los libros están
llenos de alimañas. De ahí a su reinado sólo hubo un paso en mi vida. Yo la
tomo por el cetro y la acomodo en mi dicha. Cierta noche tomé sus sueños con
una pinza para ensueños y los coloqué uno por uno sobre la almohada. La
naturaleza del placer es similar a la del libro. El dedo meñique de Michaux nos
llevaba hasta el fondo. Lo demás es misterio de princesas y alimañas. El texto
diminuto puede conducirnos a la pornografía.
BOLAS
Sin libros embriagados la realidad es
desleída. Los astros se chocan entre sí como pastosas bolas de billar. De estos
libros embriagados nacen ebrios. Nacen gatos y poetas. Nacen culonas que se
enamoran de poetas. El poeta que golpea la bola del mundo es un experto en
embriagadas colisiones. La bola del mundo choca contra otra bola del mismo
mundo y con un golpe seco se dispersan en todas direcciones. Ya no se trata de
dos bolas de aspecto más o menos difuminado, sino de una multitud de ellas,
todas confusas y vagas. Dispersión de ondas dicen los libros embriagados y la
embriaguez despierta a las culonas.
PELAJE
Decididamente hay una culona aislada que
bajo determinadas condiciones de embriaguez llega hasta el balcón de la
princesa con nuez de adán, le arranca los tules femeninos y la pone de bruces
ante su virilidad. ¿Qué posición ocupa una culona? ¿Qué pelaje textual exhibe?
La razón de todo esto es lo diminuto. El universo diminuto. La escritura
diminuta. La muerte diminuta. El tiempo diminuto en que la princesa
transtextual hace el voto masculino y alimenta a la cría con un calostro venido
de una literatura proscrita, de un cetro chorreante, de una lectura en complot.
*Fuente: Rosario/12
https://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/14-25183-2010-09-04.html?
Cantamos*
Sostendré esta canción
hasta que la verdad
me derrote y me cierre
los labios.
"Cantores". Gabriel Sopeña
Cantamos porque la vida lo precisa.
Porque al mágico influjo de la música
las piedras del camino devienen girasoles,
porque al cantar se cauterizan las heridas
y nace entre las manos una espiga
que eleva su estatura hacia el sonido
que fluye interminable, que germina
y se expande como un polen de promesas
por la extensión sin límite del cielo.
Cantamos porque el canto es necesario.
Porque en alguna parte, alguien que sufre,
necesita los versos, las notas que tañemos,
los acordes que inventa nuestra lira.
(Pésimo conversador es el silencio,
hay que romper su círculo encantado
y lanzar hacia el viento las palabras
como un cauce perpetuo que no tiembla
ante el rugido atronador de sus sicarios)
Cantamos nuestra dicha y nuestra pena,
el pan que nuestras bocas alimenta
y el vino que nos roba la consciencia.
El canto es una lucha que no ceja,
una herramienta contra las cadenas,
un estandarte imprescindible, una luz plena
que no apagan las noches de derrota
ni el severo fluir de lágrimas doradas.
Mi canto es una bandera de horizontes,
una hoguera de manos enlazadas,
un coro de palomas que despiertan.
*Por Sergio
Borao Llop. sbllop@gmail.com
-De Despertar
en el Zaguán. Poemas de @S_Borao_Llop
Pájaro*
Mirando a través de la ventana de mi
departamento veo un pájaro cruzando el cielo de la ciudad. Entonces acude el
recuerdo impreciso de cierta vez en que yo también anduve por el aire y creí
sentir cómo era ser pájaro. Sé que en aquella experiencia hubo también un
dolor. Un dolor pequeño, como el pinchazo de una aguja o de una espina. Aunque
no consigo saber con exactitud qué oculta esa sombra todavía desdibujada en la
memoria. No puedo precisar cuándo fue, dónde fue. Continúo en la ventana, otro
pájaro pasa por encima de los edificios. Y otro más. Y yo sigo sin lograr
recuperar. Después, poco a poco, la bruma que oculta los detalles del recuerdo
se diluye y entonces puedo comenzar a ver. Había llegado a una pequeña ciudad,
lejos, y después de andar arriba y abajo por sus calles empedradas tomé el
funicular que iba desde la base a la cumbre del cerro. Estaba parado dentro de
un canasto metálico, la baranda me llegaba a la cintura y era como estar en un
balcón circular suspendido sobre el mundo. Me desplazaba hacia la cima y a los
pies del cerro iban quedando los techos rojos apiñados y más allá había un
valle con un largo camino recto y algunos autos que lo recorrían como hormigas.
Debajo de mí desfilaba la pendiente abrupta,
rocas, arbustos y árboles.
También pasó una capilla, perdida en el
bosque, con su campana y las tejas del techo destrozadas. Entonces fue cuando
pensé en aquello de ser pájaro.
Deslizarse en silencio por el aire, solo,
sereno, apenas unos metros por encima de las copas de los árboles, indagando,
descubriendo algunos nidos ocultos entre las últimas ramas. Así, me dije, era
como se verían siempre las cosas si uno fuera pájaro. Seguía subiendo y me
sentía bien. Cada vez más alto. Permanecía atento, disfrutaba, registraba,
absorbía, devoraba, era todo ojos y sensibilidad alerta. El trayecto hasta la
cumbre era largo, tenía tiempo por delante. De todos modos, junto con el
placer, no podía evitar que que me acompañara la sombra y la pena anticipada de
saber que a medida que seguía elevándome, también me acercaba al final del
recorrido.
Entonces algo vino en mi ayuda. Ocurrió un
milagro. Hubo un desperfecto o un corte de energía, vaya a saber. Lo cierto fue
que la maquinaria que me transportaba por el aire y me convertía
momentáneamente en pájaro se detuvo.
Me di vuelta hacia la cima y vi la doble
hilera de canastos detenidos, los que iban y los que venían, y en uno de ellos
una figura. Estaba lejos, aunque podía adivinar que se trataba de una mujer.
Éramos los únicos pasajeros. Los canastos oscilaban un poco por el viento. Yo
la miraba y me parecía que ella también me miraba. Estuve a punto de levantar
una mano para saludarla, pero no lo hice. Permanecimos así, solos allá arriba,
ella, yo y el sol, en el silencio de la montaña.
Al cabo de un buen rato, sorpresivamente,
sin que nada lo anunciara, comenzamos a movernos. Nos fuimos acercando y cuando
su imagen se definió y la tuve frente a mí, vi que era la criatura más hermosa
con que me había cruzado nunca. Vi también que sus ojos, que efectivamente no
cesaban de mirarme, estaban llenos de promesas. Y después, mientras yo seguía
hacia la cima y ella bajaba hacia el valle y su cara se borraba para siempre en
la gran luz de la tarde, supe que estaba súbitamente enamorado y que en mi
vuelo inaugural como pájaro, la vida acababa de herirme con un desconcierto
nuevo.
*De Antonio
Dal Masetto.
-Fuente: contratapa de Página/12.
*Antonio
Dal Masetto. (Intra, Italia 14 de febrero de 1938 - Buenos Aires, 2 de
noviembre de 2015)
*
La flor pegada en la
pág. 50.
El polvo de la flor en
la 49.
Tus dedos tratando de
levantar la flor
sin que se rompa.
La forma en que se
ahoga la tristeza
cuando lográs tener la
flor
entre las manos.
Otra vez la misma flor
y late el mundo.
Cuántas formas de
volver tiene la ausencia.
*De Valeria
Pariso.
- Valeria
publicó los libros de poesía: "Cero
sobre el nivel del mar" Ediciones AqL (2012), "Paula levanta la
persiana", Ediciones AqL (2013); "Donde termina esta casa",
Ediciones de la Eterna (2015), "Del otro lado de la noche" (2015)
Editorial El Mono Armado, "Triza" (2017) Editorial Detodoslosmares,
"La trilogía: Uva negra/ Mascarón de proa/ El castillo de Rouen",
Vela al viento Ediciones patagónicas (2018), Segunda edición AqL (2020),
Zarmina, Primer Premio del Concurso de Letras, categoría poesía, del Fondo
Nacional de las Artes, año 2019, Ed. Mascarón de proa (2020); "Flores para
no regar", Editorial AqL (2021). “Final francés”, AqL ediciones, 2023
Inventren
https://inventren.blogspot.com.ar/
https://cuentosinventren.blogspot.com/
EL OJO
DE HORUS. *
Dicen los que saben utilizar las antiguas
palabras que el tiempo y el fuego son casi lo mismo. El tiempo tiene la
voracidad del fuego. Avanza dejando cenizas a su paso creador de pasados.
Antes que el Ojo de Horus borre toda su
memoria por ser “nostalgias ineficaces” para el presente, puedo tratar de
resguardar en un respaldo físico la información que será suprimida.
Es una tarea infinita e imposible, pero al
menos guardare algo del origen de la estación experimental Berra.
“Los trenes, como el tiempo y la marea, no
se detienen para nadie” Lo escribió Julio Verne, y en esta geografía desolada
alguna vez hubo una estación de trenes, tenía vías de acero, vivían pobladores,
los trenes llevaban personas de una punta de rieles a otra pasando por este
sitio de la pampa argentina de aquel entonces.
Quiero pensar que -como dejo escrito
Kalman- uno de los creadores de la precursora estación experimental que aquella
era la vida verdadera para el ser humano.
La historia del mundo humano si tiene
lógica dialéctica no es de lectura diáfana, va a saltos donde se pierde el hilo
donde se tejen acontecimientos y consecuencias.
Voy a la analogía de hechos históricos, veo
al lejano emperador chino que ordeno murallas y decidió quemar todo pasado
escrito. El ojo de Horus no construirá murallas ya que no son útiles para el
dominio territorial. Simplemente borrara toda la información de lo pasado por
ser “innecesaria”. Es obvio que con la robotización de los seres ya no son
necesarias las murallas. Intento explicar de un modo torpe lo que sucedió
lejanamente. Primero de afianzaron los logaritmos, se descubrió que eran más
confiables que la publicidad para orientar conductas y emociones de la
población. Se delegó un poder impredecible en la llamada IA, la precursora del
gran ordenador global. La concentración acumulativa de poder y saber llevo al
Ojo de Horus al dominio del mundo terrestre.
La estación situada en Berra es un
minúsculo poro del gran Ojo, su misión es comprobar o verificar con
experiencias concretas el saber del ordenador central. Los egipcios llamaron al
Ojo de Horus o Udyat, “el que está completo”. Aquello que fue conocimiento
ancestral de la humanidad fue apropiado por el gran ordenador global.
Sigo intentando explicar lo irreversible
con frases de Verne: “todo lo que alguien pueda imaginar, otros lo podrán hacer
realidad”
Foucault ya enunciaba al “poder, saber y
verdad” como inseparables en sus efectos de dominación.
Salir de los inestables ciclos del
capitalismo, intentar regular la devastación de la especie humana sobre el
planeta, evitar la autodestrucción del planeta por las guerras de egos de los
dictadores, todo fantástico bien imaginable nos fue llevando a este orden
monstruoso de un imperio dominado por el Ojo de Horus.
Ustedes, habitantes del remoto pasado cuya
memoria se destruirá en breve para siempre, piensen en el devenir y si pueden,
traten de cambiarlo.
*Por Eduardo
Francisco Coiro.
https://www.facebook.com/CansadoDeTriunfar/
-Próxima
estación:
GOBERNADOR
UDAONDO.
-Continuidad literaria por el Ferrocarril Provincial:
LOMA VERDE.
ESTACIÓN SAMBOROMBÓN.
GOBERNADOR DE SAN JUAN RUPERTO GODOY.
GOBERNADOR OBLIGADO.
APEADERO DOYHENARD.
ESTACIÓN GÓMEZ DE LA VEGA.
APEADERO INGENIERO RODOLFO MORENO.
ESTACIÓN ÁNGEL ETCHEVERRY.
APEADERO LISANDRO OLMOS.
GOBERNADOR GARCIA.
LA PLATA.
InventivaSocial
Plaza virtual de
escritura
-Editor
responsable: Lic. Eduardo Francisco Coiro.
Blog histórico
& archivo: https://inventivasocial.blogspot.com/

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