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LA VIAJERA. LA SIEMPRE ETERNIDAD

 



*Foto de Noelia Ceballos. @noe_ce_arte

 

 

 

 




 

 

 

FOTO*

 

 

Ella y él

y los colores de la Polaroid,

detenidos

para siempre

en un gesto parecido al amor.

Tal vez

detrás estaban las montañas,

algo más eterno que sus cuerpos enlazados,

tal vez una ciudad

áspera y esquiva.

Son tan borrosos los paisajes

cuando los lava el tiempo,

pero ellos

serán siempre feroces,

la alegría de sus rostros desafiando

la ironía de vivir,

envejecer,

perderse.

 

*De Mariana Finochietto. mares.finochietto@gmail.com

-Mariana nació en General Belgrano, provincia de Buenos Aires, en 1971. Actualmente vive en City Bell.

Publicó: Cuadernos de la breve ceguera (La Magdalena, 2014)

Jardines, en coautoría con Raúl Feroglio (El Mensú, 2015)

La hija del pescador (La Magdalena, 2016)

Piedras de colores (Proyecto Hybris, 2018)

El orden del agua (GPU Ediciones ,2019)

Madura (Sudestada, 2021)

Quiero sacar la cabeza por la ventanilla de tu coche (Halley Ediciones, 2023)

Patio (elandamio ediciones, 2024)

Poesía reunida (Medusa editores, 2024)

Trinchera (Sudestada, 2025)

Desviadero, (Editorial Mascarón de proa, 2025)

 

 

 

 


 

 

 

 

 

 

 

 

Los amantes ajenos*

 

 

Desde siempre los hemos llamado “los amantes ajenos”, a pesar de que no eran más que un par de niños de un año aproximado de vida cuando cayeron; pero eso fue bastante después, al principio sólo eran los bebés llegados del cielo. Y esa sensación de ajenidad fue porque nos invadió la duda de que pudieran ser de nuestra misma especie. Acaso también para amenguar la sensación de paraíso perdido, porque alguien recordó que “bebés” era el apelativo exacto de nuestros recién nacidos. Cuando aún la decisión de reproducirnos estaba en nuestras manos, era aleatoria, intensa e irresponsable, como todos nuestros actos en aquellos viejos tiempos. Es que si algo despertó este suceso son los recuerdos lacerantes y sombríos.

          La nave irrumpió desde el espacio en lo que fue un fallido parque público, y en el cual, debido a la contaminación encubierta, ya ni el color amarillento subsiste sin degradarse después de un tiempo breve. Es que aquella corrupción imperante en el siglo del holocausto persiste en abreviar nuestros sueños y cancelar los mejores esfuerzos. El golpe seguramente perjudicó los sistemas de apertura del habitáculo y nos costó dos o tres días conseguir abrirlo para extraerlos. Dicen los que participaron del rescate que nunca olvidarán la sensación del aire puro en sus branquias exhaustas de filtrar los contaminantes del ambiente. En forma imprevista sus pulmones se llenaron de nitrógeno real al setenta por ciento, otro veinte por ciento de oxígeno, y el resto era una mezcla perfecta de argón, neón, helio, criptón, hidrógeno y xenón.  Es decir, el aire original del planeta antes del holocausto. Debido al tiempo que nos llevó admitir que no era la fórmula de una droga, hemos conservado, en el Museo de Ciencias Naturales, una muestra muy degradada que se tomó de la caja de alimentos. Los rescatistas sostienen que el efecto de respirarlo producía una alegría parecida al alcohol, pero sin entorpecer los sentidos.

          En efecto, los niños llegaron con los alimentos y unos extraños paños ajustables con adornos de animales y plantas, lo que nos llevó a sospechar que en su planeta de origen se preservó la fauna y la flora; supimos tarde que eran para contener sus evacuaciones. Nosotros los mantuvimos todo el tiempo desnudos y ellos se mostraban alegres; pero cuando los lavábamos con el líquido de higiene notamos que les irritaba mucho la piel. Eso es agua reciclada muchas veces con químicos cuyas fórmulas desconocemos y hasta a nosotros mismos, que ya estamos acostumbrados a su uso, nos afecta bastante seguido. Los niños se criaron rápido, hermosos y alegres. Confiaban en nosotros ciegamente y no entendían que no estuviéramos siempre pendientes de ellos. El niño comía más y crecía más fuerte al principio, les fuimos cambiando el alimento que trajeron en la nave a medida que ellos lo admitían; pero la niña se desarrolló y se puso hermosa al tercer día.

          Ya nadie recordaba la emoción de criar chicos, ahora nos extraen lo necesario y lo germinan en el laboratorio reproductivo. El hijo nos es entregado con veinte años, cuando ya está preparado para soportar por sí mismo la contaminación ambiental. Del momento de la concepción: los hombres, sólo podemos evocar la masturbación; y las mujeres, la anestesia. Los niños dicen no tener recuerdos de la infancia, y si los tienen son difusos, incoherentes, y no se sostienen en el tiempo, como si estuvieran siempre en un proceso de recreación. Cuando se lo hacemos notar se vuelven taciturnos y ya no quieren volver a hablar del tema. Nos dicen que para fomentarles una identidad los educan con imágenes de la vida de los padres solicitantes. Está establecido por ley que toda pareja, desde su inicio, registre cada evento en filmaciones y entregue un juego de copias al gobierno. A saber: del momento en que nos conocemos, cuando nos otorgan el permiso de convivencia, el día en que nos anotamos para engendrarlo, la declaración de aptitud, la obtención del turno de extracción, el momento en que la misma es llevada a cabo y, además, las consecuentes fiestas familiares de esos ritos. De lo contrario, no somos considerados aptos para reproducirnos. La buena voluntad para adivinar, anticipar y poder corregir cualquier error burocrático corre toda por nuestra cuenta, es personal y secreta, y está prohibido transferir cualquier idea sobre la seguridad de los sistemas.

          Todo ocurrió muy rápido sin darnos tiempo a entender el prodigio, y tal vez eso profundizó la tristeza: al fin del primer día ya caminaban solos; al segundo, tenían el tamaño que los pediatras dicen que alcanzan nuestros niños cuando llegan a la década de vida. Pero el espectáculo inolvidable fue al tercer día, cuando venciendo el hechizo, podemos acordarnos de llevar las filmadoras. Ahora que ya todo ha sucedido las copias de las mejores películas de esos momentos valen millones.

          Caímos en la cuenta de que la niña había cambiado de forma, estaba luminosa y llena de gracia, se notaba que vivía pendiente del muchacho y que trataba de atraerlo; pero nos miraba a nosotros y se tornó verdaderamente caprichosa. Le había crecido el cabello y se lo peinaba constantemente cubriendo con él su desnudez que ahora parecía avergonzarla, sus ojos claros eran un festival de destellos. El muchacho estaba atontado y no dejaba de tocarse la entrepierna. Hasta que al fin ocurrió aquel hecho inesperado. Cuando juntaron sus labios enrojecidos y comenzaron a introducir sus lenguas cada uno en la boca del otro, y a intercambiar además la saliva; pero lo notable es que esto, en vez de dañarlos, les daba más energía.

          No salíamos de la sorpresa, si alguno de nosotros hiciera eso moriría al otro día, si intentáramos quitarnos nuestras máscaras bucales cometeríamos genocidio, ya que no son para protección personal sino de terceros. Es que nuestra saliva contiene elementos contaminantes, gérmenes y bacterias, de tolerancia individual, cada uno de nosotros soporta los propios; pero son tan virulentos y dañinos que no darían tiempo a otro cuerpo, que no los hubiera portado desde el nacimiento, para desarrollar defensas de sobrevida. 

          El colmo del asombro llegó cuando el muchacho se introdujo dentro de ella produciéndole un éxtasis intenso y perturbador, al final los acometió a los dos una dulce agonía. Estuvieron repitiendo sin cansarse esta ceremonia hipnótica todo el tercer día. Al cuarto, ella tenía el vientre hinchado y él la trataba con extrema delicadeza; sin embargo, los que permanecieron junto a ellos durante la noche dijeron que la chica sangró hasta agotarse y casi muere. El quinto día amanecieron consumidos, arrugados y débiles. Al sexto día, los dos murieron recostados y abrazados.

Sus cuerpos quedaron allí, resecos por la sal, el arsénico y el ácido del viento siroco, ahora todos los vientos se llaman así, por lo enfermos. Los científicos, no sin prudencia, dicen que es posible que la atmósfera degradada de este planeta acelerara su evolución, su envejecimiento y su muerte.

          Luego comprendimos la razón de los libros clandestinos que nos quedaron de aquella época anterior a la catástrofe. Pudimos aceptar la desmesura, conocer el esplendor, y admitir la existencia de esas extrañas misceláneas exuberantes llamadas sentimientos. Gracias a los amantes ajenos recuperamos un atisbo de la ternura, el amor, la pasión, y al fin entendimos la pena que encierra la nostalgia.

 

*De Horacio Martín Rodio. horaciorodio@hotmail.com

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Los Futuros*

 

 

I

 

Vendrán palabras suaves,

llantos como palomas grises,

sueños que aletearán

como giran los mundos.

Vendrán lentas palabras

perdidas en la lluvia,

remolinos incruentos,

bálsamos en el aire.

Y ya no habrá dolor,

sino tierra cayendo,

un fino sedimento,

un feliz pedregullo.

No más vivir

con el dolor a cuestas,

con la callada muerte

dando sustos.

 

 

 

 

II

 

 

Vendrá otra vez el mar

como una inmensa madre

a reclamarnos.

Vendrá la espuma

como leche del mundo

y nos dirá: regresa.

Seremos otra vez

millones de moluscos

nadando en una noche igual

a la que viste en sueños,

moluscos ciegos en el agua tibia,

insomnes y desnudos,

gráciles y blandos.

Regresarán las aguas

por lo suyo. Dirán:

te di la vida y te la quito.

Y volaremos

como un único grito hacia la nada,

como bocas sin cuerpo

a mamar de ese pecho,

esa pústula herida,

esa pura fuente inagotable.

 

 

 

III

 

Vendrán máquinas tristes,

sensibles, compasivas;

a preguntar por ti;

por tus sueños perdidos,

por tu alegre desgano.

Artilugios inquietos,

perspicaces, devotos:

tolerarán mentiras en silencio,

escribirán poemas en las tardes

como quien habla con la lluvia,

mansos.

Vendrán juguetes cínicos,

tenaces, decisivos,

para hurgar en tu vida,

infalibles, urgentes.

Desecharán tus frases ampulosas,

tu balbuceo derretido.

Se reirán de ti

con un humor

que ya no entenderás.

Y ya jamás reunir

desperdigadas partes,

exhibición e intimidad:

truncados mecanismos

de una danza nostálgica,

repetitiva, última.

 

*De Gerardo Lewin.  gerardo.lewin@gmail.com

 

 

 

 

 


 

 

 

 

 

 

Gliese 581*

 

 

Nuestra estrella Helio -G2, es una esfera de plasma en equilibrio hidrostático que, mediante reacciones termonucleares de fusión del hidrógeno, genera energía en su interior. Dicha energía se emite al espacio en forma de radiación electromagnética, neutrinos y viento estelar. La radiación ha permitido a nuestros Helio- científicos, idear una red espacial invisible en la oscuridad del universo, imposible siquiera de imaginar por parte de cuerpos celestes que no reúnan nuestras características físicas. La situación ha sido explotada por los creadores del proyecto, tan favorablemente, que hemos logrado vender la franquicia a lo largo y ancho del cosmos. “Tejimos” alrededor de nuestra estrella, la más brillante del Sistema, una red de partículas de captura en hilera y en forma de círculos concéntricos, portadoras de carga eléctrica que desarrollan comportamiento colectivo. Dichas hileras presentan focos de absorción periódicos. Esto permite que determinados cuerpos celestes que navegan por el espacio, a merced del viento estelar, sean captados y atrapados por la trama. Se trata del proyecto más afanoso que nuestros científicos, en el transcurso del tiempo espacial, han podido imaginar y llevar a cabo. Lo más importante es que, cada año galáctico que transcurre, este diseño se ve coronado con mayores éxitos al conseguir seleccionar y aprisionar, según nos interesen sus cualidades, millones de partículas interestelares. De acuerdo a las necesidades, ha sido especialmente habilitada para el servicio, una extensión de “caminos” intermedios no destinados a la captura sino al libre recorrido de nuestras naves, en pos de control y/o recolección de materia prima. Dependiendo de su proximidad a nuestro núcleo los cuerpos celestes apresados, en mayor o menor grado, también se ven beneficiados. Tenemos la capacidad de provocar en los distintos planetas, el fenómeno día noche, utilizando la traslación y rotación naturales de los mismos. Por otro lado, estamos tecnificados como para obligarles a girar a nuestro alrededor, mediante uno de nuestros más brillantes logros: la conocida fuerza de gravedad. Nuestro sistema está formado por nueve planetas y sus correspondientes satélites; asteroides, cometas, meteoritos, polvo y gas interplanetario. El material es, como dijimos, atrapado por la red de captura. Urdimbre que permanentemente, se encuentra abocada a la detección y reclutamiento de nuevos cuerpos celestes extra solares. El planeta Marte cuya superficie está cubierta de cráteres de impacto, campos de lava, volcanes, cauces de ríos secos y dunas de arena, proporciona a nuestra civilización, valiosas cantidades de basalto volcánico de alto contenido en óxidos de hierro. Mercurio por su parte, es el principal abastecedor de hierro. Después de billones de años, la mayoría del hidrógeno de nuestra superficie se “quema” y nuestra estrella corre el peligro de contraerse y convertirse en una gigante roja por lo cual, es necesario, mantener una reserva adecuada de “combustible”. Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno nos proporcionan la provisión necesaria de Hidrógeno y de Helio así como de otros gases menores, imprescindibles para nuestra subsistencia estelar. Venus, cuyas nubes están formadas por ácido sulfúrico, compuestos de azufre y otros ácidos, es poseedor de una atmósfera rica en Dióxido de Carbono y Nitrógeno. Plutón, el planeta enano, se mantiene como repuesto de Nitrógeno, Monóxido de Carbono y Metano. En la Tierra, la energía irradiada por nuestra estrella, es aprovechada por seres fotosintéticos que constituyen la base de la cadena trófica, siendo así, la principal fuente de energía de la vida que existe en el planeta. También influimos en los procesos climáticos y condiciones meteorológicas en que se desenvuelve. Hace de doscientos a trescientos mil años terrestres, en un lugar al que ellos mismos llaman África, pusimos en funcionamiento el proyecto “Hombre” (Según algunas teorías que circulan por el planeta “Adán”) y a continuación el proyecto “Mujer” (Eva). No hemos conseguido pulir algunas imperfecciones que están llevando a sus descendientes a la autodestrucción. El proceso de crear civilizaciones útiles es complejo, por ese motivo cada planeta agotado es suplantado, en el transcurrir del Universo, por nuevos cuerpos celestes. El planeta Tierra nomenclado como “Granero”, está destinado, dentro de nuestro programa, al almacenamiento alimenticio dado que los habitantes, se auto eliminarán en breve ya que nuestra tecnología aún no ha conseguido la fórmula para evitarlo. Haremos uso de las riquezas naturales hasta la extinción y posterior descarte del astro. Nuestros radares han detectado para su eminente suplantación, un exoplaneta gemelo al denominado Tierra. Dicho astro se encuentra a sólo 20.5 años luz en la constelación Libra, nomenclado en los registros humanos como Gliese 581. Por encontrarse girando alrededor de uno de nuestros Helio clientes, hemos negociado el intercambio del astro por tecnología de avanzada. Por ser de calor excesivo para la vida del hombre, el programa prevé una grandiosa civilización similar a la terrestre pero con el perfeccionamiento adecuado. La enorme popularidad que ha cobrado nuestro invento, ha hecho que sin medir costos, se requieran franquicias desde las galaxias más alejadas. Con la proliferación de los Sistemas Solares, en pocos años luz, nos habremos convertido en los magnates del Universo.

 

*De Ana María Broglio.

-a su memoria-

 

 

 

 


 

 

 

 

 

 

 

On demand *

 

En el universo hay una señora que barre

el polvo que se acumula en los agujeros negros

que mirándolos bien como ella sabe

no son tan negros

apenas oscurecidos

por una nube de polvo

que de vez en cuando hay que barrer

en el universo hay un montón de cosas

y una increíble ambición por agrandarse

y agrandarse

 

hasta los confines de no se sabe bien qué

y la señora que barre se impacienta

cada vez más espacio

cada vez más polvo

y ella sola

contra los agujeros negros

y su súper escoba para los polvos del universo

 

*De Esther Andradi. esther@andradi.de

http://www.andradi.de/es/startseite/

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

PROTOCOLO DE PROGRESO*

 

 

 La llegada a ese planeta fue como siempre, primero la observación desde lejos, la preparación del informe, la espera de las evaluaciones, toda la burocracia que se pone en marcha en cada ocasión en que contactamos un ambiente propicio para la vida.

Hemos descubierto bastantes planetas habitados a lo largo de los siglos, pocos con vida y un escasísimo número de civilizaciones. Por esto es que no fue indiferente la noticia de que en éste no solamente hay vida inteligente sino organizada.

La primera observación fue que los seres inteligentes se encontraban en todo el planeta en el mismo estadio de evolución, compartían una cultura común y no se observaban conflictos en ninguna de las regiones. La homogeneidad era lo más destacado y sorprendente, algo que hasta ahora no tiene paralelo en ningún otro de los planetas conocidos.

Antes de realizar contacto y siguiendo el protocolo se fue elaborando un informe completo en todos los aspectos, desde la conformación mineral y geológica del planeta a una detallada y enciclopédica descripción de fauna y vegetación, dejando para la culminación el estudio de los seres inteligentes con su lenguaje, arte, historia, saberes de todo tipo.

Es en esta etapa final en la que fui enviado para hacer contacto.

Estuve orbitando un largo tiempo mientras me familiarizaba con vocablos, pronunciación y gestos. Fui escogido entre otras causas debido a que mi raza es la más parecida a esta. Soy un poco más oscuro y la distancia entre los ojos es diferente, pero en general puedo pasar por uno de ellos que hubiese tenido alguna deformación de nacimiento.

Cuando bajé a la superficie escogí una zona que para ellos es fría pero que para mi percepción de la temperatura es la más benigna, y con suplementos médicos logré compensar el oxígeno.

A los primeros días los pasé en una zona rural, aclimatándome y acostumbrando mis músculos a la gravedad. Ya conocía bastante bien sus costumbres y llevo por supuesto un sistema de ordenador incorporado que me proporciona la información que pueda requerir.

El primer contacto en la campiña fue con un hombre que pasó llevando leña y me miró con el rabillo del ojo, como se observa disimuladamente a los minusválidos o a los seres de otra raza. Nos saludamos cortésmente y me dirigí al poblado.

La evolución de estas gentes se encontraba en el estadio de vida campesina, con granjas y pequeños pueblos donde se agrupaban los artesanos y se realizaba la actividad política. No había ciudades ni un centro mundial, sólo poblados rodeados de establecimientos rurales, y la misma extendida cultura. Lo más inexplicable es que esta etapa de su civilización abarcase todo el planeta, y durase milenios.

Nuestras investigaciones previas habían demostrado que la cultura única se había formado hacía miles de años (tiempo terrestre) y desde entonces no había sufrido ningún cambio significativo. Esto era intrigante, ya que no habíamos hallado algo similar en ninguna galaxia.

Me presenté en el pueblo en un comercio de insumos, saludé al dueño en la forma ceremonial y le pregunté si había trabajo para un hombre saludable. Se conmocionó visiblemente, y con muestras de respeto inquirió el porqué de mi necesidad de trabajo, el porqué de mi soledad, como quien sabe que responder será doloroso, y ya excusándose con el gesto.

Le mentí un incendio en la granja de mis padres y expuse la historia ya preparada para integrarme en la comunidad.

La enorme pena que le provocó el que yo hubiese quedado solo me conmovió. Son unos seres muy emotivos y para ellos, profundamente gregarios, la desgracia que se había abatido sobre mí era inimaginable.

Me mostré afectado. Atento a mis sentimientos, no me interrogó más y me indicó una granja donde podrían adoptarme.

Puede parecer inútil, pero estas observaciones de campo son parte del protocolo de acercamiento a las civilizaciones descubiertas. Es posible que este paso se obvie en el futuro, pues algunos sociólogos han muerto o sufrido violencia en algunas misiones, y los científicos últimamente no tienen demasiado en cuenta nuestros relatos, pero yo disfruté de ser el primero en pisar suelo virgen.

Después de llegar a la granja y llamar a la puerta hube de esperar a ser atendido por el padre. La organización es familiar con una cabeza masculina que funciona como consejero, patrón, educador y sacerdote de dioses lares. A veces conviven dos o más familias, pero el varón principal es el mayor en edad y toma a su cargo a los hermanos con sus hembras y sus hijos.

En esta granja había solamente un grupo familiar, por lo que contaban con habitaciones vacías y la posibilidad de acoger otro integrante.

Desde el primer momento me trataron como uno más. Tuve mi lugar en la mesa, me proporcionaron algunos vestidos evidentemente confeccionados por ellos mismos, pusieron elementos de limpieza a mi alcance.

La vida era perfectamente planificada desde el amanecer al anochecer según las necesidades del trabajo, que estaba distribuido con justicia entre todos los integrantes de la familia. No había peleas, nadie se quejaba, los niños aprendían de los mayores todo lo necesario para la vida cotidiana. Mi personalidad me ha hecho participar de algunas riñas en mi juventud, pero el mecanismo vital de estos seres limaba cualquier aspereza que pudiese dar lugar a una disputa.

No habían tenido guerras desde miles de años atrás, la misma palabra “guerra” no existe aunque puede evocarse el significado al referirse a la quita de malezas, a la limpieza de ciertos parásitos que anidan en los techos y circunstancias de ese tipo.

Anoté las peculiaridades de su cultura, que se van revelando en la convivencia. En líneas generales todo era conocido por el estudio previo, pero mi visión proporcionaba un registro para el futuro de situaciones vitales aún sin influencia de otra cultura como la nuestra.

Estos seres eran vegetarianos, aunque poseen colmillos que evidencian un remoto pasado en el que fueron carnívoros. Buena señal, pues tenemos mucha existencia de ganado pasible de ser comercializada. Su medicina es muy rudimentaria, y nosotros somos productores de un amplio abanico de medicamentos. Utilizan metal pero los yacimientos son casi vírgenes. En suma, era un mercado inexplorado con gran potencial de intercambio.

Yo pertenezco al planeta tierra, donde mi especie inteligente en pleno estadio de formación logró exterminar a otros homínidos que pudiesen presentar batalla por territorio o alimentos. Poseemos una violencia que logró acortar considerablemente las etapas evolutivas, de sociedades primitivas como la de este planeta a una economía feroz de aprovechamiento extenso de recursos. Como en otros planetas, hubo un apocalipsis de guerras internas que acabó con la mayoría de las especies animales y vegetales, dejando relativamente pocos habitantes, un gran nivel tecnológico y la puerta abierta a ser contactados por otra especie inteligente para iniciar el comercio interestelar.

Mientras compartía la mesa de la granja con individuos serenos y afectuosos, imaginaba mi próximo trabajo, consistente en sembrar la semilla de la evolución social. Sería relativamente sencillo pero dadas las condiciones la germinación seguramente tomará más tiempo del estándar.

Según las características de cada especie tenemos diversos protocolos. Aquí la estabilidad se encuentra fundada en la homogeneidad de la cultura, la inexistencia de una religión dependiente de poderes centrales, la atomización de las sociedades en aldeas regidas por una democracia real, la naturaleza pacífica de los individuos. En suma, la absoluta falta de competencia que actúe de movilizador de la historia. Como en algunas antiguas sociedades de mi planeta, carecían de la noción de progreso adhiriendo a un pensamiento cíclico y circular ligado a las estaciones y las cosechas.

Tuve unos días de trabajo quitando malezas, algunas pequeñas felicidades en charlas breves e inocentes con criaturas atávicas, me distraje observando horizontes limpios y un cielo carente de tóxicos, puro y dilatado.

Uno se ablanda un poco y se suele sentir el impulso de dejar el planeta intocado y testigo de una era de la ingenuidad, pero tengo detrás toda una organización de la cual soy apenas una minúscula partícula, y mi plan de acción fue prefigurado de antemano.

Podía introducir la cápsula de veneno de muchas formas. En un equilibrio aparentemente tan firme un solo cambio inclina el plano y todo comienza a rodar y a entrechocarse.

Habría que provocar ese desequilibrio, y ello era posible introduciendo el concepto de progreso, avance con respecto a otros, superación de otras comunidades, recelo por estos otros, envidia de las condiciones distintas y mejores de esos otros, lucha por la consecución de esos bienes o forma de vida envidiable.

Tomé la comunidad que me acogió, les revelé que yo soy de otro planeta y les aseguré que mejoraría su existencia con conocimientos insospechados. En poco tiempo los convencí con algunos prototipos para encantar ingenuos, para lo cual debieron aprender a utilizar algunas herramientas, y para hacer esas herramientas debieron buscar materiales en otras regiones. Esos materiales, como minerales, se encontraban debajo de los cultivos de otras comunidades, por lo que debieron comerciar con ellos, compartir saberes, especializarse.

Sé que pronto surgirán las disputas por el precio de materiales, cosechas, saberes. Habrá escaramuzas, luego guerras, y en unos cuantos siglos el paisaje estará devastado, y las condiciones serán las adecuadas para entrar en el comercio intergaláctico. Los que queden ya no serán ingenuos y tendrán el anhelo de progresar infinitamente.

Miro el campo que ondula en pastizales, respiro el aire puro. Me llevo una imagen preapocalíptica, suspiro y vuelvo a mi nave.

 

*De Mónica Russomanno. russomannomonica@hotmail.com

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Poesía en el lado oscuro de la luna*

 

 

Cuando llegué a la luna, abrí mi valija y saqué las pocas cosas

que necesitaba para pasar esos días

creyendo que podían convertirse

en una buena oportunidad para hacer cosas postergadas:

el libro de Chéjov sin terminar

el álbum de fotos que no miraba hace tiempo

el avioncito para armar que mi padre me había traído

de uno de sus viajes

y yo dejé sin tocar desde mi niñez, el cubo de Rubik

para intentar resolverlo y un cuaderno para escribir poesía.

 

Ahora que volví a la tierra veo a todos estos objetos

junto a mí, en el banco de siempre en la plaza

el libro de Chéjov, el álbum de fotos, el avioncito armado

y el cubo de Rubik sin resolver.

 

Estaban todos, salvo el cuaderno que olvidé

en su única página escrita hay un poema

que ahora gravita sobre un cráter

en el lado oscuro de la luna.

 

*De Andrés Bohoslavsky. vladimirbeat@yahoo.com.ar

-Medianoche en la plaza de los sueños y otros poemas, Buenos Aires, Leviatán, 2021.

 

 

 








 

 

 

 

El interno 10381*

 

 

Casi todos los presos de la cárcel de Resurrección son fabuladores y por supuesto, todos, absolutamente todos, inocentes. El hábito de contar mentiras es una forma de escapar a la realidad y, acaso, un modo encubierto de socializar. El interno 10381 era la excepción. Un tipo taciturno que sólo participaba en forma presencial de las reuniones de reclusos de su pabellón, pero que jamás abría la boca para opinar. Toda su intervención se limitaba a mostrar una sonrisa irónica cuando los dislates eran demasiado improbables o cuando dejaban a alguien en ridículo. A raíz de esa costumbre protagonizó bastantes incidentes graves y todos se resolvieron a su favor debido a su gran capacidad de pelea. El hombre nunca se excedió como para lastimar a nadie, pero no era por bondad sino para evitar el castigo. A los carceleros no les pasó desapercibido ese detalle. Un tipo que sabe controlarse es alguien muy peligroso. Pero cinco años en la prisión de Resurrección es mucho tiempo, hasta para el 10381. Tal vez por eso, un día concedió en revelar el motivo que lo había llevado a ese lugar. Era un desertor de las fuerzas de defensa planetaria a las que fue convocado. El 10381 era un piloto de guerra interestelar. Así supimos que, por fin, teníamos un preso de cierto abolengo.

          La novedad de su actitud sembró la curiosidad en un auditorio cansado de escuchar siempre las mismas mentiras con variaciones. El 10381 entendió que no podría eludir el relato completo de su vida y lo hizo a su manera, siempre en cuotas mínimas y consecutivas; pero espaciadas y sin prestarse nunca a repreguntas o aclaraciones. Esa actitud innegociable, que quizá le era dictado por su orgullo de origen, fue una bendición que llenó de especulaciones las horas muertas de los demás reos.

          Relato del primer día, después de la hora del almuerzo:

“Como todos los huérfanos fui criado por el gobierno. Nunca nos faltó nada, salvo amor. Algo llevado a cabo sin desidia ni rencor. Era un plan deliberado para optimizar nuestra desgracia. Para potenciar el resentimiento natural que germinaría de nuestra condición. En aquellos de nosotros que mostrábamos los parámetros de agresividad y aptitud física se exacerbaba el tratamiento. A los otros se los entrenaba en un régimen más amable”.

          Relato del segundo día, después de la cena:

“La intensidad extrema era reservada para formar un linaje guerrero. El facilismo en que nos hundió la planificación económica y social nos había quitado actitud para la guerra. La escuela tenía una máxima: Los tiempos difíciles hacen hombres fuertes, los hombres fuertes hacen tiempos fáciles, los tiempos fáciles hacen hombres débiles, los hombres débiles hacen tiempos difíciles. Había que romper ese ciclo y yo fui pronto el ejemplo a imitar. El punto óptimo de eficacia, cien sobre cien. A los quince años piloteaba una nave de patrullaje. A los diecisiete formaba el cuerpo de combate defensivo. A los veinte, todo un récord, fui depredador. Siempre primero en los simulacros”.

          Relato del tercer día, durante la caminata vespertina:

“La oportunidad de una verdadera guerra no tardó en llegar. Un planeta inmundo, un lugar poblado de seres repugnantes y falaces, una afrenta para cualquier idea de convivencia armónica en la galaxia, un extravío de la creación, pretendió atacarnos con el insostenible pretexto de que poseíamos armas ofensivas que ponían en peligro la paz. A nosotros que siempre habíamos sido sus aliados y proveedores de insumos básicos”.

          Relato del cuarto día en las duchas:

“Un planeta de animales evolucionados que exterminaron a sus hermanos inferiores sin piedad; que criaban seres vivos y los mataban para alimentarse; que producían alimentos por encima de sus necesidades y dejaban a la mitad de sus semejantes morir de hambre; que contaminaron y estropearon sin remedio su propio planeta por codicia. Que se arrebataban entre ellos mismos lo que no les pertenecía por la fuerza debido a su desmedida capacidad de matar a pobres infelices que se defendían con piedras. Y todo lo justificaban con mentiras. Mentían siempre después de esos crímenes, mentían sin culpa ni remordimientos”.

          Relato del quinto día, después del almuerzo:

“Pero se llevaron la sorpresa de su vida. Las teníamos. Realmente teníamos las armas ofensivas. Diseñadas justamente para contrarrestar a las de ellos. Los dioses que convalidaban sus crímenes fueron incapaces de advertirles el peligro. Porque nosotros siempre les habíamos desconfiado. De observar la conducta que seguían con ellos mismos era inevitable llegar a la conclusión de que acabarían traicionándonos como lo hicieron”.

          Relato del sexto día:

“Yo fui el artífice de la victoria. El ejemplo de conducta a seguir por nuestros pilotos. Nadie era tan agresivo como yo. Ninguno tan cerrado a la injusticia. Ninguno capaz de odiar con optimismo. Debieron imitarme mis compañeros para vencer. Yo fui la medida de la crueldad a alcanzar. Pero vencimos. Les dimos una lección que no han de olvidar en mucho tiempo. Los sacamos del espacio. Pasaran décadas antes de que vuelvan a poner una nave de guerra en órbita. Luego, ya será tarde”.

           Relato final:

“Pero he pagado el precio. Mi arrojo o mi rencor hicieron que no midiera bien el peligro, los invasores lograron capturarme y me llevaron prisionero a su planeta. Intentaron comprarme. Fingí que lo habían logrado. Me dieron su mejor nave y me pidieron que la rediseñara para enfrentar a los míos. Me negué, por supuesto. Entonces me propinaron el peor castigo posible, me arrojaron a una de sus terribles cárceles. Un lugar en el que ponen a los que delatan con su conducta díscola la imperfección manifiesta de su sistema de vida”.

Un desprevenido le preguntó cómo fue que logró escapar de allí.

Él, sólo nos lanzó una de sus malditas sonrisas cargadas de ironía.

 

 

*De Horacio Martín Rodio. horaciorodio@hotmail.com

 

-Horacio nació en Llavallol, en 1954. Realizó talleres con Laura Massolo y Liliana Díaz Mindurry. Obtuvo más de cien premios nacionales e internacionales en cuento, poesía y novela, con publicaciones en Argentina, España, Colombia y Chile. Es autor de los libros de cuentos Palabras de piedra (Baobab, 1999), Media baja (Dunken, 2012) y La insistencia de la desdicha (Ruinas Circulares, 2018), y de los poemarios El cinturón de Orión (primer premio del 15° Concurso “Adolfo Bioy Casares”, Ediciones Municipalidad de Las Flores, 2022) y El libro de Hopper (Pierre Turcotte Éditeur, Canadá, 2023). Ese mismo año, el sello español Avant Editorial publicó su novela Ausencia y error. -En el 2024 publicó su libro de cuentos La oscuridad de los hechos. -Editorial Esa luna tiene agua.

 

 

 

 







 

 

 

LA LUNA EN EL ESPEJO*

 

 

No borres nuestros rostros de la heredad terrestre.

Están. Estarán, grabados en la piedra.

Arraigados, en un ceibal, un camalote, un sauce.

Y te nutren, Y te nombran. Y te llaman.

No necesitas buscar en espejo de aguas.

Busca el camaleón, las algas, la bruma ardiente.

Sabes por ellos que tu huerto huele a mar.

No necesitas saber quién es el hombre que te llama.

Búscalo en el gemido del viento. 

En los cartones y en los basurales.

Y te duele la puerta cerrada.

Tapiada de cerrazón y adioses.

De mujeres solas y niños tristes.

Y el pecho se desgarra y el miedo.

Solo tú has de abrirla.

La llave está oxidada y tus manos tiemblan.

Y buscas una señal, una bengala un beso.

Todo se deshace, como un sueño,

La miga del pan. El deseo, Las bridas.

Y cruzas ciegamente el vacío y el abismo.

Y la bestia te persigue con sus fauces abiertas.

Un terror del que ignoras su nombre.

Y te ahogas una y otra vez y otra.

Hasta que abres la puerta de tus miedos.

Y vuelves a la hormiga y la cigarra,

Y encuentras la cuna y el milagro.

La rosa de los vientos y el molino.

Y entiendes.

Hay que mirar el revés de la luna en el espejo.

La luna en el espejo, al revés.

 

*De Amelia Arellano.

San Luis

 

 

 

 

 

 

 


 

 

 

EL MALDITO BOTÓN ROJO*

 

 

Estoy frente al ordenador. Marte sigue intrigando a los científicos terrestres. Enviaron máquinas para que sobrevuelen la órbita y se desplacen por el planeta, en busca de señales que comprueben si existe algún tipo de vida.

La primera vez que nuestras naves fueron avistadas por los habitantes de la tierra, fue en tiempos remotos. La Biblia nos menciona y existen pruebas registradas en antiguas obras de arte. Por ejemplo, las encontradas por el científico Ruso Vicheslav Saisev en China. Datan de hace 2000 años. Representan a un ser extraterrestre y a una nave espacial ascendiendo. En uno de los detalles de la pintura la "crucifixión" de Visoki Decani, se observa una nave tripulada.

En la catedral, Nueva de la Asunción de la Virgen, Salamanca, España, una figura esculpida en piedra. La figura muestra a un viajero, vestido con un traje similar a los que utilizan los habitantes de ese planeta, en las excursiones de su incipiente carrera interestelar. Podríamos sumar innumerables ejemplos.

La noche del tres de Junio de 1947, medida de tiempo terrestre, en las afueras de Roswell, en Nuevo México, Estados Unidos, una unidad aviso que se encontraba efectuando tareas de reconocimiento cayó a tierra.

Fue sometida a meticulosas investigaciones por los círculos que entienden en el tema OVNI. No consiguieron develar ningún detalle que hiciera, siquiera suponer, el origen de la nave. Nació el mito de los “platos voladores”. Desde entonces, buscan probar la vida extraterrestre. En los cielos aparecen objetos que se desplazan, aterrizan y dejan huellas. Sucede con regularidad: descendemos a tierra y establecemos contacto con humanos sin dejar rastros suficientes que delaten nuestro origen.

En uno de esos descensos succionamos hacia nuestra rutilante y compleja nave, a aquella mujer. La adormecimos, le produjimos atonía muscular y falta de voluntad.

Cuando abrió los ojos, se encontró en la espaciosa sala- estudio, completamente esterilizada, desmoralizada y sin ropa. Maniatada a un plano horizontal que modificaba posiciones y giraba suavemente, mientras varios pares de pupilas inquisitivas la observábamos con detenimiento.

Comenzó a balbucear la palabra ma-má, ma-má, ma-ma-ma-mamá. Sus labios azulados apenas se movían.

-Bienvenida a la nave- transmití, pausado y tranquilizador. La mujer temblaba. Para poder realizar las incisiones programadas tenía, según lo requiere el protocolo, el cuerpo aterido.

-Ha pasado a formar parte de nuestro material de investigación pero no tema, no sufrirá. Mientras dure el período de estudios y concluyamos las etapas de nuestra rutina, vivirá un tiempo con nosotros y un tiempo con los suyos.

-¿Cómo podré hacer eso? ¿Vivir un tiempo con ustedes y un tiempo con los míos?

-No se asuste, antes de que usted comience su misión, lo solucionaremos. Cierre los ojos.

La inducción a la falta de voluntad pudo más y la mujer dejó caer los párpados.

Luego de abduccionarle el cerebro se procedió al reacomodamiento neuronal y a separar el alma del cuerpo, de modo que quedara suspendida, en el túnel luminoso que media entre su masa cerebral y los potentes focos que penden del techo del laboratorio. A continuación, efectuamos un corte en el pecho en forma de “Y”, con el objeto de examinar y manipular los órganos del cuello, tórax y abdomen y de instalar adminículos inherentes al cometido.

Resuelta la tarea, un efectivo rayo láser fundió la incisión. La volvimos a la vida y pasó a sala de recuperación. Después de algunas horas (tiempo humano) descendió a la superficie terrestre con la suavidad y la delicadeza, con que en el aire se mueve una pluma.

Basada en el temor de un inminente y peligroso conflicto, con una civilización tecnológicamente más avanzada, la noticia de la amenaza de una infiltración extraterrestre, evolucionó entre los humanos. Encontró su cenit, en la sospecha de que ya estábamos, sin que se dieran cuenta, entre ellos, secuestrándoles y utilizándolos para los más increíbles y extraordinarios experimentos.

La sonda Mariner 4, según cuenta la medición temporal de los hombres, en 1965, tomó las primeras fotos de Marte. Imágenes que alentaron las suposiciones sobre la existencia de agua y vida. Durante los años 70 continuaron las incursiones en el planeta rojo con las misiones Viking y los vehículos exploradores. Les siguió el robot Curiosity que recoge fragmentos rocosos y los analiza en sitio. Curiosity busca signos de habitabilidad. Su potente luz convierte piedras en bolas de fuego y determina los elementos que las componen.

Misión exitosa, de hecho, fue tan exacto el cálculo que, efectivamente, en el lugar donde aterrizó hubo, alguna vez, agua a temperatura adecuada, con niveles de acidez apropiados para la vida.

Situación que se modificó hace unos tres mil millones de años cuando el campo magnético de Marte se desvaneció, perdiéndose gran parte de la atmósfera.

Debajo del polvo superficial del planeta, la sonda Mars Express, ha descubierto hielo y encontró algo más peligroso y preocupante: metano. El metano es un hidrocarburo sencillo, se utiliza como combustible y en la elaboración de productos químicos. El programa europeo ExoMars lanzará en 2016 un satélite para examinar este gas. Próximamente, un robot se enviará a nuestro planeta. Será la primera misión que busque puntuales evidencias de vida. Nuestros espías no han conseguido averiguar, el lugar estratégico donde aterrizará el autómata. Los terrícolas buscan persuadirse sobre la existencia de algún tipo de sobrevivencia, hace unos 4.000 millones de años.

Los secretos de Marte se esconden en zonas prácticamente inaccesibles para la modesta tecnología terráquea. Sin embargo, los veloces progresos, llevarán a unir los fragmentos del enigma, obligándonos a preparar la aniquilación del invasor.

Quince años más tarde de tu primer ascenso a la nave, estoy apesadumbrado. Han llegado demasiado lejos: debo cumplir la orden. No tengo otra opción que estar aquí, impotente frente al ordenador. Espero, minuto a minuto, que aparezca la señal al lado de tu nombre. Manejo la certeza demoledora de que te veré por última vez: la última antes de apretar el botón, el maldito botón rojo, que obliga a convertir en deshechos espaciales, a tu planeta…y a ti.

 

*De Ana María Broglio.

-a su memoria-

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LA MARCHA*

 

Le había prometido amor eterno y una vida feliz, pero últimamente pasaba más tiempo de viaje que en casa, vivía en otros mundos, desaparecía a la velocidad de la luz y volvía medio hibernado.

- ¿Bafg pkfiibd, Plumkier? ¡Bazlugg ingrfhu daa gorjmekk! * - le dijo con los ojos anegados en lágrimas.

Sin embargo él, partió de nuevo.

***

* (Traducción) ¿Por qué me dejas, Plumkier? ¡Todos los extraterrestres sois iguales!

 

*De Joan Mateu I Marti

Barcelona.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La viajera*

 

 

En esa maravilla

de que los ojos miren

y se anhelen las bocas.

En la grandeza

de la insignificancia,

en la línea sutil.

 

En lo no revelado

en la constancia del amigo,

en la palabra

que nunca nos dijimos

habiéndolo deseado.

 

En la certeza,

en la sinrazón del sentimiento.

En el ser

el verdadero ser que se es.

En la herida irreparable

de la ausencia.

 

En el desencajado malhumor,

en las uvas doradas,

en el leño que arde:

navega la viajera

la siempre eternidad.

 

*De Ana María Broglio.

-a su memoria-

 

 

 

 


 

 

 

*

 

No es tarde para mirar el mundo como si recién acabáramos

de conocer este planeta remoto y lejano.

 

*De Liliana Díaz Mindurry. lidimienator@gmail.com

 

 

 

 

 

 

Inventren

https://inventren.blogspot.com.ar/

https://cuentosinventren.blogspot.com/

 

 

 

 

 

EL TREN HACIA LA NADA*

 

Just a small town girl

Living in a lonely world

She took the midnight train

Going anywhere…

 

Don´t stop believing

Journey

 

En las noches, cuando los párpados se resisten a continuar la lectura de turno, abordo el tren hacia la nada.

He circulado en este tren desde que tengo recuerdos. A pesar de que el viaje es en un solo sentido, puedo recordar con nitidez de óleo y pincel fino sus múltiples paradas. Puedo verlas, si abro determinadas ventanas temporales: ahí está mi infancia en el castillo de hojas, mi adolescencia solitaria, el descubrimiento del amor, la primera visión del rostro de mis hijos, las emociones recibidas o entregadas, alegría, silencios, lágrimas, aquellos que han ido bajándose en diferentes estaciones, unos tras un largo viaje, otros tras un breve recorrido, suficiente para dejar su impronta en el resto de los viajeros.

A veces cambio de cubículo. Hacer el viaje en compañía solo vale la pena cuando es agradable, cuando del intercambio salimos ganando los ocupantes. No es triste, me da la oportunidad de conocer nuevos pasajeros, registrarlos en mis recuerdos, quedar en su memoria. Guardo una grata nostalgia de vagones anteriores, pero intento vivir intensamente el aquí y ahora de cada asiento que ocupo, aprender lo máximo que me brinda el momento. Es la esencia del viaje.

Puedo considerarme afortunada, he vivido experiencias extraordinarias. He logrado atisbar realidades cuyas reminiscencias me acompañan al despertar y dan vida a mis creaciones literarias. He viajado a mundos paralelos, donde mis almas gemelas se debaten en similares incertidumbres. He vislumbrado la presencia de seres que a otros pasan inadvertidos, peregrinos, mensajeros o simplemente extraviados en la grieta que separa los universos alternativos.

Pero lo mejor del tren, lo que más adoro y me hace aguardar con alegre paciencia el instante de abordarlo cada noche, es que, no importa si largo o corto el camino – aunque siempre ha de valer la pena -, si solos o en compañía, sea cual sea el destino, conocemos cuál ha de ser la última parada.

 

*De Marié Rojas Tamayo.

La Habana. Cuba.

 

 

 

 

 

 

-Próxima estación:

GOBERNADOR UDAONDO.  

 

-Continuidad literaria por el Ferrocarril Provincial:

 

 

LOMA VERDE.  

 

ESTACIÓN SAMBOROMBÓN.

 

GOBERNADOR DE SAN JUAN RUPERTO GODOY.

 

GOBERNADOR OBLIGADO.

 

APEADERO DOYHENARD.  

 

ESTACIÓN GÓMEZ DE LA VEGA. 

 

APEADERO INGENIERO RODOLFO MORENO.   

 

ESTACIÓN ÁNGEL ETCHEVERRY.  

 

APEADERO LISANDRO OLMOS.

 

GOBERNADOR GARCIA.

 

 

LA PLATA.

 

 

InventivaSocial

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