* Imagen de Cabriolas (2014). Libro de Joan
Mateu I Martí
La Cabrita*
Cuentan que había una cabra que quería
aprender a leer, pero como no había colegios para cabritas tenía que
conformarse con dar brincos por el campo comiendo hierbas y jugando con sus
hermanas.
Como era una cabra inconformista,
preguntaba a todos los de su especie que se cruzaban con ella dónde podía
encontrar un maestro que le enseñara el abecedario, pero nunca encontraba a
nadie que pudiera ayudarla.
Un día que correteaba por el campo detrás
de una mariposa encontró unas cuantas hojas de un libro de escuela que volaban
con el viento y corriendo alcanzó una de ellas y se la comió.
Ahora busca el resto muy esperanzada. Desde
que se comió aquella parte del libro ya sabe decir la segunda letra del
abecedario, y espera poder aprender las demás mientras se pasea por el campo
practicando la única que ha aprendido de momento.
*de Joan
Mateu I Martí. joan@zarca.es
AVENTURAS & CABRIOLAS DE PLUMKIER
-Textos de
Joan Mateu I Martí
INDECISION
No debía haber entrado en aquella pequeña
habitación en la que se quedó encerrado. Al tacto se dio cuenta de que a pesar
de lo reducido de la misma había una puerta en cada pared. A la luz del mechero
descubrió que estas tenían un letrero colocado a la altura de los ojos y vio
también dos puertas más, una en el techo y otra en el suelo.
Vio claro que era un punto sin retorno
porque no había manera de identificar por donde había entrado. Y vio claro
también que debería escoger una puerta jugándose su futuro a tenor de la que
eligiera. Un dilema de cuatro puntos cardinales más el techo y el suelo.
En la puerta Norte la leyenda decía:
"La guía, el
punto magnético, frío en el alma"
La desechó por no considerarse un líder y
por miedo.
En la puerta Sur rezaba:
"Vida escasa,
temperatura extrema, soledad"
Ni pensar en esta, sentirse solo siempre
fue uno de sus temores.
En la puerta Este se podía leer:
"Especies y
aromas, sueños vanos, pasión culpable"
Rechazó esta posibilidad por temor a las
culpabilidades, aunque no se sentía culpable de nada.
En la puerta Oeste había escrito:
"Ocaso, mares
embravecidos, distancia infinita"
Esta opción le dio más miedo aún que la
anterior. Miedo a lo desconocido, a lo oscuro. ¡No!
En la puerta del techo leyó:
"Solamente para
almas puras".
Ahí sabía que no tenía opción alguna.
Miró al suelo buscando el letrero y no lo
halló.
Supo que tenía que decidirse rápidamente y
que no debía escoger el suelo, a pesar de no haber nada escrito y precisamente
por eso. Estaba en un mar de dudas y los minutos iban pasando. Se dio prisa a
si mismo consciente de que no le quedaba tiempo y tomó una decisión. Se giró y
en el momento que estaba delante de la puerta escogida se abrió el suelo y
cayó. Cayó irremediablemente en una caída sin fin, cayó hacia la nada infinita
mientras pensaba que su indecisión le había llevado a un destino inconcreto y eterno
El
minuto
Era relojero lo mismo que su padre y que su
abuelo. Conocía la maquinaria de todo tipo de relojes y su experiencia,
acumulada con el paso de los años, le permitía reparar cualquier avería con
plenas garantías de éxito.
Estaba efectuando una reparación en un
Plumkier Cronos Sportive, cuando vio que caía un minuto sobre la mesa con un
"cloc" sordo. Se lo quedó mirando perplejo y sorprendido pues nunca
le había ocurrido algo semejante. Tomó el minuto con las pinzas y lo observó
atentamente. Lo midió, lo pesó y le hizo una analítica constatando que se
trataba de un minuto sano.
Preocupado al no entender porque un minuto
sano salía del reloj, lo guardó delicadamente envuelto en una gamuza,
decidiendo que era mejor esperar al día siguiente y, con el minuto descansado,
ya vería que había que hacer.
No pasó muy buena noche debido al
nerviosismo, así que, más temprano que de costumbre, se sentó delante de su
mesa de trabajo y consultó con el minuto el motivo de su acto.
Quedó anonadado al saber que se trataba de
una fuga. El minuto huía de un amor imposible con la aguja larga. La minutera
le acariciaba cada hora, estando sesenta segundos con él y después le
abandonaba. Al cabo de una hora volvía a su lado y se marchaba de nuevo
dejándolo solo. Al cabo de tantos años se sufrir ese vaivén, ese "me
acerco, pero de abandono", entendió que era un coqueteo y vio que su amor
era imposible. Decidió huir en busca de algún reloj digital que le acogiera y
no tuviera que sufrir nunca más las veleidades de otra minutera casquivana.
Etimología
Mucha gente opina que no es importante
conocer la etimología de las palabras. Saber porque al huevo se le llama
"huevo", a la tortilla, "tortilla" y a Don José "Don
Pepe", es imprescindible en estos tiempos. Stefen Plumkier que dedicó toda
su vida al estudio del origen de las palabras, la razón de su existencia, su
significado y su gramática, ejemplarizaba con su léxico, depurado y generoso,
al público que asistía a una de sus innumerables conferencias.
En la lección magistral que impartió en el
Colegio de Astrónomos, cautivó al público con las aclaraciones que aportaba a
un sin fin de preguntas relacionadas con la jerga científica del espacio. La
mayoría tenían origen en las leyendas basadas en deidades, por eso sorprendió
tanto que les hablara del Ogro.
Su voz resonaba en el claustro: "En
Çatalhöyük, una ciudad que data del período neolítico, fue encontrado lo que se
considera el comienzo de la historia de Anatolia. Se trataba de un fresco mural
del año 6200 ADC, que presentaba en primer plano, las casas de la localidad, y
al fondo, un volcán humeante en erupción; se cree que el volcán era el Hasanda.
Otro fresco, actualmente expuesto en Ankara, representa pictográficamente el
mismo pueblo con sus ciudadanos atemorizados por la visita de un ser tan
grande, que les tapaba la luz del sol."
"El estudio conjunto de ambos frescos
nos identifica el pueblo, nos da el censo de sus habitantes y nos descubre el
nombre del Ogro" - Siguió Plumkier
- "Este Ogro, que sumía al pueblo en
la oscuridad, se llamaba Eclipse y es quien ha dado nombre al fenómeno que se
produce al interponerse un objeto sólido entre un punto y un foco de luz"
La Comunidad de Astronomía, desde aquel
momento, incluyó un Ogro en su el escudo como principal símbolo heráldico.
El escudo se oscureció automáticamente.
EL
CURA RURAL
"Del polvo
venimos y al polvo vamos...".
Repetía como una letanía aquel cura rural
mientras caminaba por entre los campos verdes en los que, animadas por la
incipiente primavera, ya apuntaban algunas amapolas.
Ya eran muchos años de caminar por los
caminos de tierra de pueblo en pueblo, para atender las cinco parroquias que el
obispo había tenido a bien asignarle. Él intentaba llegar a todo, pero el
trabajo a veces le podía y le agotaba.
"Del polvo
venimos y al polvo vamos..."
Hoy estaba un poco deprimido por el
servicio último servicio celebrado. Le había costado llegar al fondo y su
actuación no había pasado de discreta. Se miró los pies, que iba arrastrando
por el camino, repitiendo absorto:
"Del polvo
venimos..."
Sonrió, sin embargo, al acercarse a la
iglesia del siguiente pueblo, y más al ver a Lucía que le esperaba sentada y
sonriéndole. "...Y al polvo
vamos", murmuró.
BEDUINOS
El desierto se presentaba delante de ellos
como un mar de arenas sin fin y a pesar de ir dejando atrás una duna tras otra,
la aparición de otras de igual apariencia les hacía tener la sensación de que
no avanzaban en su huida.
No se arrepentían de su decisión y el amor
que les había lanzado a marcharse de sus respectivas tribus les daba fuerzas
para seguir. Su amor estaba por encima de las rencillas, los odios y las
continuas peleas que durante décadas habían enfrentado las dos familias.
Sólo la casualidad hizo que se conocieran y
gracias es ella se había fraguado aquel amor que les llevó a resolución de huir
y formar su propia familia lejos del pasado.
Al cabo de muchas jornadas llegaron a un
oasis pequeño y escondido detrás de unas formaciones rocosas de escasa altura,
pero que mantenían el lugar lejos de las miradas de circunstanciales
trashumantes por lo que decidieron establecerse allí.
Con el curso de los años, tuvieron dos
hijos, consiguieron cultivar la tierra y tener algunos animales pudiendo con
todo ello vivir una vida tranquila, feliz y en paz.
Una mañana despertaron sorprendidos al ver
que el oasis había desaparecido, sus dos hijos no estaban y el huerto y los
animales se habían esfumado. Sentados sobre la arena caliente con los primeros
rayos del sol de la mañana, se miraron a los ojos y comprendieron, con
desesperación, que habían vivido todos aquellos años en un espejismo.
El
banquete
Después de la gran hecatombe nuclear los
Plumkier, aristócratas de cuna, se reúnen cada tercer viernes de mes alrededor
de una mesa, tal como venían haciendo desde el principio de los siglos.
Cubertería de plata, copas de cristal de Murano y vajilla de porcelana de
Sèvres. Etiqueta y traje largo.
Una enorme bandeja de plata con un asado de
carne en el centro de la mesa.
Intentan que las cosas sigan como siempre y
que las tradiciones se mantengan. Únicamente hay tres cambios que no pueden
obviar: No hay pan, la carne no es de ternera sino de animales más pequeños y
se ha instaurado un rezo antes de comenzar las comidas:
"Te damos las gracias señor por los
alimentos que vamos a tomar y te rogamos que no sean tan radioactivos como el
mes pasado", recitan mientras se contemplan las terribles quemaduras, las
pústulas y la perdida de dientes.
Pinochos
Sin previo aviso, con una estrategia de
marketing perfectamente programada el lunes 28 de octubre empezaron a aparecer
Pinochos en las principales tiendas de juguetes de todo el mundo. Eran unas
réplicas perfectas del famoso muñeco de madera y su aparición en el mercado fue
impactante e inesperada.
El éxito fue demoledor y en menos de tres
días se agotaron las existencias. La operación se repitió al cabo de dos
semanas con idénticos resultados y fue entonces cuando el Registro de Patentes
y Marcas intentó retirar del mercado los muñecos aduciendo que eran réplicas de
baja calidad. Pero, una vez verificada la manufactura del juguete tuvieron que
volver a ponerlo en el mercado incapaces de poder diferenciar las copias del
original. ¡Todos eran originales!
Iniciaron una investigación para averiguar
la procedencia, y aunque pudieron identificar la fábrica en el sur de Taiwán,
fueron incapaces de descubrir la procedencia de la materia prima, parte
esencial en la fabricación de Pinocho.
No fue hasta que recabaron los servicios
del célebre botánico S. Plumkier que hallaron la pista. La madera procedía del
Sahara. De los inmensos bosques del Sahara. Trasladados allí pudieron constatar
que cada uno de los árboles del bosque había sido plantado por el padre de
Pinocho, y todos tenían su Copyright grabado en la tercera rama de la izquierda
con la inscripción "Gepetto"®.
No pudieron detener la producción que fue
incrementándose de tal manera que acabó con los bosques convirtiendo aquella
zona verde, de naturaleza exuberante, en el desierto que es en la actualidad.
Ángeles
caídos
Es el tercer ángel que cae del cielo en una
semana. El primero cayó en un parterre de tulipanes, el segundo en el puerto y
éste ha caído en el campo de fútbol en la media parte del partido.
El Consistorio está preocupado por estos
sucesos y ha constituido un Gabinete de Investigación para esclarecer los
motivos de tan extraño fenómeno, pero la investigación se demora y los
interrogatorios a los ángeles no aportan nada concluyente.
"Estaba tranquilamente en mi nube y
sin darme cuenta me vi rodeado de tulipanes", "Tomaba café sobre un
estrato y caí al mar", "No sé decir qué pasó, yo paseaba por un
jardín de nubes y me escurrí cayendo al campo de fútbol".
El denominador común de las declaraciones
eran las nubes por lo que se incluyó un equipo de meteorólogos en la
investigación. Éstos, concluyeron en la teoría de que el fenómeno se había
producido por la mala calidad de las mismas. Como había tanta escasez de agua
estaban muy mal formadas, débiles y con baja densidad por lo que eran incapaces
de mantener a nadie encima.
El Consistorio no comunicó estas
conclusiones al pueblo aduciendo que no podía probarse. Por otra parte, tampoco
creyó prudente hacerlo ya que los ciudadanos pasaban sed y cada día caían más
ángeles sobre la ciudad.
Se ha iniciado un turno de rogativas para
la lluvia con romerías a todas las ermitas que hay alrededor de la ciudad y se
ha prohibido caminar por espacios abiertos mientras dure la sequía.
Georgina
Estaba asomado al mar por babor. Miró
distraídamente un barco que se cruzaba con el suyo y vio en la cubierta,
tomando el sol a Georgina. La llamó con un grito que se llevó el aire.
Inmediatamente el barco y Georgina desaparecieron.
El hombre bajó rápidamente al camarote
donde encontró a Georgina agitada, como saliendo de una pesadilla.
- He soñado que estaba tomando el sol en un
barco - le dijo al verlo entrar - y cuando me llamaste desperté.
LA
MARCHA
Le había prometido amor eterno y una vida
feliz, pero últimamente pasaba más tiempo de viaje que en casa, vivía en otros
mundos, desaparecía a la velocidad de la luz y volvía medio hibernado.
- ¿Bafg pkfiibd, Plumkier? ¡Bazlugg ingrfhu
daa gorjmekk! * - le dijo con los ojos anegados en lágrimas.
Sin embargo, él partió de nuevo.
***
* (Traducción) ¿Por qué me dejas, Plumkier? ¡Todos los extraterrestres sois iguales!
Las Gotas
Empezaron a corretear por aquella
superficie lisa y transparente haciéndose un poco más grandes.
Estaban en la parte superior de aquel
cristal empañado muy cerca la una de la otra. Se miraron y casi al unísono
empezaron una carrera por la superficie lisa deslizándose hacia la parte
inferior de la ventana. Jocosamente se cruzaban y las estelas que dejaban
conformaban un dibujo que parecía un corazón.
Las dos gotas se amaban desde hacía más de
un cuarto de hora, cuando empezaron a formarse por el contraste entre el frío
de la calle y el calor de la habitación.
Súbitamente se separaron, cada una hacia un
costado, pareciendo que no se iban a encontrar más, pero con un rápido giro
volvieron al centro y se unieron en una sola, justo en el momento que llegaban
a la parte inferior.
Su vida fue efímera pero tan intensa que no
se hubieran cambiado nunca por aquel señor que, dentro de la habitación,
contaba monedas de oro, tan abundantes como su soledad.
Problemas
de sexo
No tengo tiempo para relacionarme con la
gente debido a que mi profesión de escritor me roba todas las horas del día y
algunas veces incluso algunas de la noche.
Mi vida sexual no existe. Hace un par de
meses que me siento deprimido y triste. Recorrí un largo "vía crucis"
de médicos que me hicieron todo tipo de pruebas encontrándome en perfecto
estado de salud, por lo que dedujeron que podía padecer tener enfermedad
psicosomática. Visité un par de psicólogos y fue un fracaso. Iba a abandonar
los intentos por mejorar mi condición, cuando gracias por la insistencia de un
buen amigo consentí en visitar a un psiquiatra. Fue un verdadero acierto.
Desde la primera visita me sentí
comprendido y en buenas manos. El médico me escuchaba con gran atención y a mí
no me costaba mostrarme sin ambages. Esperé ansiosamente el diagnóstico durante
un mes. Al final, me lo dijo: "Sufre usted el Síndrome del escritor
compulsivo. Una enfermedad muy difícil de curar".
Quedó claro que el médico era todo un
profesional y me lo demostró con el tratamiento que me recomendó. Era simple:
sólo debía escribir tres cuentos onanistas a la semana con el fin de disfrutar
de una excelente vida sexual.
Resurrección
Maldijo la hora en que su mujer decidió
sacarse el título de piloto de avioneta. Por alguna razón desconocida había
tenido la premonición de que iba a pasar algo. Aún y así cuando se produjo el
accidente quedó terriblemente afectado. La pérdida de su esposa en estas
circunstancias y el hecho de encontrarse en un momento en que la vida de ambos
era perfecta ayudó aún más a que no quisiera convencerse de que no la volvería
a ver.
Pasó un mes deambulando cabizbajo por la
oficina y su vida social se diluyó en noches de tristezas y recuerdos.
En una de estas largas noches de
duermevela, en las que la televisión quedaba encendida, vio entre sueños una
película en blanco y negro en la que un hechicero resucitaba, por medio de un
conjuro, a un hombre que había muerto. Ni le pasó por la cabeza plantearse la
imposibilidad del tema y se agarró a la opción como a un salvavidas. De forma
compulsiva pasó una semana recorriendo librerías a la búsqueda de un libro de
conjuros con la idea obsesiva de encontrar la fórmula para resucitar a su
mujer.
Finalmente su búsqueda dio frutos. Lo
encontró en un local del barrio viejo, en un compra-venta de libros,
"Métodos de reanimación" de S.Plumkier.
Pasó dos días sin dormir leyendo los
conjuros hasta que encontró el que precisaba. Compró todos los artilugios y
materiales que necesitaba para realizarlo y armado de un pico y una pala, a las
cuatro de la madrugada, se dirigió al cementerio.
Saltó la valla con facilidad y se dirigió a
tumba de su esposa orientándose en la oscuridad entre los parterres y los
cipreses. Empezó a cavar en silencio, con un ritmo continuado y sin hacer caso
al cansancio producido por el esfuerzo, los días de vigilia y la tensión del
momento. Al cabo de un rato, que se le hizo eterno, escuchó como la pala tocaba
la tapa del ataúd.
Retiró la tierra de encima mientras le
pasaba por la mente el accidente de avioneta y los días posteriores llenos de
tristeza y soledad.
Abrió el ataúd con muchas dificultades,
haciendo palanca en cada uno de los tornillos que lo aseguraban y saltando
finalmente una endeble cerradura dorada. Miró dentro y vio aquella bolsa de
plástico gris. Por fin podría verla ya que en el día del entierro no se lo
permitieron. Con las manos temblorosas bajó la cremallera y a la luz de la
linterna miró al interior.
No se atrevió a intentar el conjuro. Nunca
había sido bueno con los puzzles.
El
agujero
Cuando era pequeño y aprovechando que la
habitación de mi primita estaba al lado de la mía, abrí un agujero en la pared
para poder observarla mientras se desnudaba. Durante más de un año la miré
entre la vergüenza de ser descubierto y la curiosidad inevitable.
Después ella se marchó y yo quedé solo. La
encontré a faltar. No supe nunca si era por perder una compañera de juegos o
por lo que había perdido en mi condición de espía secreto. Algunas veces miraba
por el agujero con la vana esperanza de encontrarla en la habitación contigua.
La prima regresó al cabo de muchos años y a
pesar de ser ya mayor, lo primero que me vino a la mente fue que podría volver
a verla a través de aquel agujero de la pared. No pude quitarme de la mente
éste pensamiento en toda la tarde. En la cena tuve que hacer esfuerzos por
concentrarme en la conversación y dejar de imaginarme espiándola a través de la
pared y constatando la evolución del cuerpo de mi primita durante aquellos
años. Por lo que se podía deducir, la naturaleza la había dotado con
generosidad.
Estuve sentado en la cama con los ojos
fijos en la pared, luchado contra una especie de vergüenza que sabía que no
podía ni quería vencer. Me levanté y me acerqué cautelosamente, sin hacer
ruido, y quedé parado delante del agujero. Vencí fácilmente mis últimas
aprensiones y acerqué el ojo al agujero, despacio, encajando la mirada en el
punto exacto. La sorpresa fue mayúscula porque en lugar de ver el cuerpo de mi
prima desvistiéndose me encontré únicamente con su ojo que me observaba.
Faltan piedras
Salíamos a la calle a jugar a fútbol con
una piedra como pelota y los agujeros de las alcantarillas como porterías. Con
cada gol se perdía una piedra, pero no había problema, en la misma calle
encontrábamos fácilmente otra.
Mediante un cordel cualquiera, trenzándolo
hábilmente y añadiéndole un trozo de tela, o en su versión de lujo, un pedazo
de cuero, construíamos una honda y con otra piedra disfrutábamos dándole a todo
aquello que no apuntábamos. Con una rama debidamente pulida con la navaja y
machacando con una piedra la varilla de un paraguas hacíamos un arco terrible
con el que disparábamos a los enemigos de la otra banda del pueblo.
Estaba claro que nuestra base para
construir juguetes eran las piedras. Pero hoy en día las piedras han
desaparecido de las calles y los niños deben ingeniárselas con otro tipo de
juguetes. No es que no tengan imaginación es que les hemos quitado la materia
prima.
Pongamos piedras en las calles y así
evitaremos los chats, las aburridas play stations, los robots de tercera generación
y los aburrimientos supinos de nuestros hijos.
El
inventor
Al cabo de muchos años de investigación,
Plumkier, descubrió una sustancia para hacer desaparecer todo tipo de manchas.
Después de rechazar ofertas de cientos de laboratorios se trasladó al África y
comenzó a utilizarlo. Al cabo de dos años todos los guepardos perdieron sus
manchas.
Cansado de correr detrás de estos, decidió
abandonar su plan y en lugar de continuar con los ocelotes, pumas y jaguares,
como tenía previsto, vendió su invento a los políticos para lavar su honor.
La defensa
Caín, sonría aviesamente cuando el jurado
le declaró inocente por el asesinato de su hermano Abel.
Una muy bien estructurada defensa, llevada
a cabo por el prestigioso Bufete Plumkier y Asociados, rechazó la acusación
aduciendo que no se había encontrado el arma del crimen y que no había
beneficio por parte del acusado. Pero lo que acabó por decantar el veredicto
fue la nula aportación de testigos de la acusación, a pesar de que ésta quiso
llevar al estrado a Adán Y Eva, pero su testimonio como familiares directos
estaba invalidado.
Por otra parte, tampoco se aceptó la
declaración de la serpiente al no poder poner la mano sobre la Biblia para
hacer su juramento.
FORMAS
DE NUBES
Mirando al cielo mientras paseaba por la
playa vio una serie de nubes que se amontonaba en el horizonte. Al observarlas
con atención le pareció que una de ellas tenía la forma de un bebé acabado de
nacer. Las siguió mirando hasta que le pareció distinguir al bebé mientras era
amamantado por una señora que le recordaba a su madre. Aquel perfil anguloso y
el moño eran inconfundibles.
Un golpe de aire acercó una formación de
cúmulos que parecían un edificio conocido: ¡el colegio donde estudió!
Inmediatamente le pareció que en otra veía a Luisa, aquella novia tal alta y
espigada con la que probó el amor por vez primera. En la siguiente nube, casi
en la línea del horizonte, distinguió a Matilde con dos niños, sus hijos.
Ya no pudo parar y fue leyendo en el cielo la
historia de su vida escrita por las nubes. A la vista de todo ello pensó:
¡cuánta razón tenía su madre al decir que era un cielo!
Pesadilla
Estaba en el Circo Plumkier, dentro de una
jaula con 10 tigres que se acercaban y tuve que saltar la reja de la jaula para
escapar. La desgracia fue caer en el recinto de los cocodrilos. Inmediatamente
dos de ellos, enormes y con las fauces muy abiertas, se lanzaron sobre mí con
ánimo de comerme. Me zafé del primero mediante un escorzo y del segundo
lanzándome al agua. Lamentablemente en el agua estaban los otros tres
compañeros que al verme chapotear, nadaron hacia a mí a toda velocidad. Tuve la
suerte de poder agarrarme al trapecio y salir volando por los aires. Dando una
pirueta extraña uno de mis pies quedó enrollado en la cuerda y caí a plomo
desde una altura de 15 metros; reboté en la cama elástica y caí dentro del
carromato de los osos. Un oso enorme y peludo se acercó a mí con las fauces
abiertas y moviendo las zarpas en actitud agresiva. Parecía enloquecido y
rabioso.
En todo este tiempo puedo asegurar que no
sentí miedo. Cuando realmente me aterroricé fue al despertar y darme cuenta de
que la pesadilla había acabado. A partir de ahí debía enfrentarme con el mundo
real.
BÚSQUEDA
INTERIOR*
[Estrofa 1]
Llevaba horas presa del desvelo,
nervioso, confundido y sin razón,
miraba cada esquina de aquel suelo
con una angustia hundida en el corazón.
Buscaba algo que no podía nombrar,
algo que necesitaba encontrar,
revolviendo recuerdos y rincones,
sin saber qué buscaba ni qué hallar.
[Estrofa 2]
Buscó por toda la casa desesperado,
revolvió los libros, cajones y estanterías,
miró en cada rincón, desconsolado,
sin encontrar aquello que buscaba todavía.
Subió hasta el desván entre el polvo,
bajó después al sótano a registrar,
entró en las habitaciones de nuevo
y volvió cada cosa a revisar.
[Estrofa 3]
Ya no sabía cuánto había buscado,
ni cuánto tiempo llevaba sin dormir;
solo sabía que, si no lo encontraba,
no podría jamás volver a seguir.
Entonces, detrás de unos papeles,
en un rincón que no había visto antes,
apareció una vieja fotografía
con un rostro que le resultó distante.
[Final]
La tomó entre sus manos temblorosas
y contempló aquel rostro unos instantes.
Y de pronto comprendió tantas cosas...
Ahora ya sabía quién era él.
Podía volver a ordenarlo todo
e irse a la cama a descansar.
*composición de Joan con música generada por IA
La fotografía
Buscó por toda la casa
desesperadamente. Revolvió los libros, los cajones, las estanterías. Miró en el
desván, en las habitaciones, en el sótano. Por fin encontró la fotografía.
Ahora ya sabía quién era. Podía volver a
ordenarlo todo e irse a la cama a descansar.
**
Joan por sí mismo*
1
-Nací en Cassá de la
Selva un pueblo de la provincia de Girona (entre Barcelona y Francia) Muy niño
mis padres se desplazaron a Barcelona y yo con ellos, pero las raíces
familiares quedaron allí y siguen, claro. Estudios: en las Escuelas Pias… con
curas y con su educación. Época franquista. A pesar de eso, con el tiempo he
conseguido ser bastante normal. Perito mercantil, medicina y otras intentonas,
pero acabando con Económicas. Políticas y empresariales. Doctorado en ellas.
Viajero desde los 16 a los 31. Después, trabajo y trabajo. Empresas diversas
para hacer experiencia y, después, en la familia. Matrimonio, niños. En fin, lo
suyo… Empresario siempre, librepensador y contra las reglas. Las reglas hay que
contravenirlas desde el momento que se promulgan.
*Fragmento del reportaje a Joan Mateu I Martí realizado por Carlos Alberto Parodíz Márquez para el
diario La Unión de Lomas de Zamora.
(11 – 3 - 2012)
2
-Su Abuela,
"L'avia Gracieta" le enseñó a amar.
Su Abuelo, el
"Avi Pitu", le enseñó a ser niño. León, un pescador, le enseñó la
mar. Su padre le enseñó a vivir.
Nadie le enseñó a
escribir, pero él lo sigue intentando...
Inventren
https://inventren.blogspot.com.ar/
https://cuentosinventren.blogspot.com/
La
nueva vida*
Ya no pudo aguantar más. Vivir de esa
manera no era para él, por lo que tomó la decisión de cambiar de vida.
Fue al altillo y sacó dos enormes maletas
de cuero que había usado en contadas ocasiones y las abrió sobre la cama. Con
parsimonia, pero con decisión, como si se tratara de un rito, fue metiendo en
ellas todas aquellas cosas a las que había otorgado algún significado. Lo
querido, los recuerdos, lo imprescindible. Una vez llenas, las cerró
preguntándose por qué las maletas siempre quedaban pequeñas.
Tomó una con cada mano y bajó la escalera.
Una vez en la acera paró un taxi. "A la Estación Central" dijo y
contempló el paisaje que iba pasando a su lado como intentando gravar en su
memoria cada una de las calles, plazas y fuentes que iban sucediendo por la
ventanilla del vehículo.
Cuando llegó a la estación se dirigió
directamente al andén 4. El tren estaba detenido engullendo personas y
equipajes. Se acercó a la puerta del séptimo vagón, lanzó las dos maletas
dentro y dando media vuelta regresó a su casa a vivir su nueva vida.
*De Joan
Mateu I Martí.
-Próxima
estación:
LOMA VERDE.
-Continuidad literaria por el Ferrocarril Provincial:
ESTACIÓN SAMBOROMBÓN.
GOBERNADOR DE SAN JUAN RUPERTO GODOY.
GOBERNADOR OBLIGADO.
APEADERO DOYHENARD.
ESTACIÓN GÓMEZ DE LA VEGA.
APEADERO INGENIERO RODOLFO MORENO.
ESTACIÓN ÁNGEL ETCHEVERRY.
APEADERO LISANDRO OLMOS.
PARADA GOBERNADOR GARCIA.
LA PLATA.
InventivaSocial
Plaza virtual de
escritura
-Editor
responsable: Lic. Eduardo Francisco Coiro.
Blog histórico
& archivo: https://inventivasocial.blogspot.com/

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