*Dibujo de Erika Kuhn.
https://obraerikakuhn.blogspot.com/
Abundancia de
viento*
Nunca la razón esmerila
una torsión en tren de diluirse.
Durante décadas elegí fingir
que caminaba libre, sin brújula,
pero su aguja al norte se hendía
como la espina de un reloj de sol.
Nada de esgrima cuando giró el timón
ni dotes de gurú
para anticipar aquella tormenta,
esta derrota. Qué sabor
tendrán las cáscaras
de una clausura.
“No te adelantes, guerrera,
–me digo–. Que tu mano
sea sostén de la flecha
a punto de arrojarse y tu lengua
se rebele antes del nudo”.
En lo hostil se devela, no la realidad,
la vana ilusión cuya promesa
me trajo hasta aquí.
Y cuánto, cuánto, vuela el viento.
*De Alicia
Salinas. alines.alines@gmail.com
(de mi nuevo libro, Díscola. Lo presentamos el viernes 7 de agosto en Contraviento -
Rodríguez 721 - Rosario a las 19)
-Tan intenso todo lo
vivido que faltan las palabras. Y cuando el idioma no alcanza, la poesía brinda
auxilio. Sin pretensiones de resolver esa tensión, más bien como intento de
remedar un imposible...
Alicia Salinas.
Crónicas*
*Por Lautaro
Lobbosco.
Las gaviotas vuelan
y se mantienen en lo
alto,
vuelan estáticamente
aprovechando el viento
Del otro lado
el sol brilla sin
tapujos
como queriendo
demostrar
que aún irradia
energía
Otro día, el sol se
camufló
en las grises nubes
del Pacífico,
allí donde las olas
golpean
constantemente con las
rocas
En lo alto de
Guayaquil
las casas de colores
confrontan el espejo
de agua
mientras la bandera se
expande
Por el sur y alto lago
todo parece flotar,
el tiempo y la cultura
reposan en la quietud
El verde y la roca
se acomodan
escalonadamente
en una estructura
eterna
Entre los callejones
se esconde un caminante
que se le dio por
inmortalizar
una imagen
distorsionada
Mientras tanto
el oro brilla en una
plaza
que aún hoy
sigue llena de
extranjeros
Entre tanta jungla
se esconde un sueño,
sigo las vías del tren
y exploro lo que veo
La montaña vieja
aguarda a que la
mañana
se ilumine y se llene,
mientras tanto
todo parece gris
y un tanto desolado
Llegado el momento
se puede contemplar
todo el recorrido
De este lado
todo se ve diferente
De este lado
todo parece distinto
La nostalgia
y el presente
se conjugan
como si la realidad
solo fuera un instante
*
-Lautaro
por sí mismo: nací en Santa fe en 1996. Soy estudiante de filosofía de la
UNL. Desde la adolescencia me interesa explorar múltiples mundos artísticos
como son el cine, la música y la literatura. Desde hace unos años expandí ese
mundo hacia un interés por la pintura y la fotografía, disciplinas para
dialogar con mi escritura.
Hablan las
masas: la revuelta y sus variantes*
*Por Alejandro
Badillo. badillo.alejandro@gmail.com
Las revueltas sociales, en tiempo, contexto
y componentes, no son iguales, aunque su objetivo puede parecerse. Por eso su
estudio y comparación es revelador, que es el propósito de este artículo sobre
los rasgos de algunos movimientos del pasado y de nuestros días, y señala:
“Otro elemento para tomar en cuenta en el análisis de las nuevas revueltas es
la instagramización de la protesta, su transformación en un hecho estético para
compartir en redes sociales o su despolitización al volverla un objeto de consumo
más.”
Venganza, caos y mano
dura
En una secuencia de la película Joker
(2019), dirigida por Todd Phillips y protagonizada por Joaquin Phoenix, un
nutrido grupo de manifestantes toma las calles de Ciudad Gótica. Los rebeldes
no son, en absoluto, una masa organizada y con peticiones concretas.
Encabezados por Arthur Fleck –el nombre real del personaje– ponen en jaque, al
menos por un tiempo, a la gran urbe. Algunos símbolos de la élite rica son
sacrificados. El Joker no es un villano tradicional, pues el filme lo presenta
como una víctima del sistema. Los recortes a la seguridad social lo dejan sin
las medicinas para controlar sus episodios de psicosis o algún trastorno mental
similar. La venganza de Fleck tiene una razón de ser y en varios momentos el
espectador desea que el grupo de oligarcas que domina Ciudad Gótica reciba su
merecido. Sin embargo, el filme no explora la revuelta más allá del caos y
conduce a un camino determinista: el enfrentamiento con el héroe y la
justificación de la mano dura policial. Es preferible una sociedad disfuncional
que una revancha que se sale de control y amenaza con una purga sin fin.
La imagen de la revuelta mostrada en Joker
es común en gran parte de la narrativa reciente. Inadaptados sociales, masas
enfurecidas, turbas irracionales, entre otros, son presentadas como parte del
menú distópico de un futuro que se adelantó. En el filme del director mexicano
Michel Franco, Nuevo orden (2020), la revuelta de las víctimas de la
desigualdad toma como rehén a la clase rica por medio de una dictadura militar.
Sin embargo, estas historias no dialogan con la evidencia histórica de las
rebeliones populares y parten del prejuicio.
Demandas y demandantes
Este año el Fondo de Cultura Económica
publicó ¡A las armas! Levantamientos populares en la Edad Media, del
historiador italiano Alessandro Barbero. Por medio de cuatro ejemplos,
ocurridos durante la segunda mitad del siglo XIV, el autor derriba varios mitos
asociados a la revuelta de la población sometida. En Francia, Italia e Inglaterra,
la gente del pueblo se rebeló contra los nobles y terratenientes. Los hechos en
su gran mayoría fueron registrados por cronistas –sacerdotes, principalmente–
que miraban con recelo al pueblo y sus acciones contra el poder. A pesar de
este prejuicio de clase, describieron movimientos organizados que tenían
demandas concretas: abolición de leyes que los afectaban, reparto más justo de
tierras, fin de la servidumbre o alivio en los impuestos que condenaban sus
vidas a una pobreza perpetua. Las en apariencia masas irracionales incluso
lograron, aunque fuera de manera provisional, modificar o escribir leyes que
los beneficiaran cuando arrinconaron a reyes y nobles.
No todos los participantes en las revueltas
–contrario a la creencia común– eran el pueblo llano. Las revueltas convocaban
a pequeños comerciantes, artesanos e, incluso, a miembros de la Iglesia que
estaban en contacto directo con la gente. En The Peasant’s Revolt (La revuelta
de los campesinos) –desarrollada en Inglaterra en 1831– destacó el sacerdote
católico John Ball, que se unió a la insurrección como líder ideológico. Ball
decía a sus feligreses: “que las cosas no van bien en Inglaterra, y que
mejorarán hasta que todo sea común, y ya no haya más villanos ni gentilhombres,
sino que todos estemos unidos, y que los señores ya no sean patrones”. El
sacerdote, como suele suceder, fue juzgado y ejecutado cuando la revuelta
acabó. Los movimientos populares que retrata Barbero no tuvieron éxito
inmediato y el statu quo pareció triunfar, aunque se sembraron ideas que
triunfarían décadas y siglos después. De forma paradójica, los años trágicos de
la peste y la hambruna que marcaron la Edad Media –con la consecuente
disminución de siervos– logró que la gente exigiera mayores retribuciones
económicas y este bienestar condujo a demandas más ambiciosas.
Las revueltas del
nuevo siglo
La revuelta en el siglo XXI –enmarcada en
un contexto social dominado por internet, la postverdad y relaciones sociales
fragmentadas por el capitalismo tardío– tiene múltiples claroscuros. El
periodista estadunidense Vicent Bevins analiza, en particular, las dinámicas de
las insurrecciones en los años recientes. En Si ardemos. La década de las protestas
masivas y la revolución que no fue (Capitán Swing, 2025) describe los
movimientos sociales que ocurrieron entre 2010 y 2020, fenómenos que empezaron
en diciembre del 2010 en Túnez y que dieron forma a la llamada “Primavera
árabe”, una frase construida por los medios occidentales que ignoraban el
contexto y el origen de la inconformidad en países del norte de África y Medio
Oriente. Después del chispazo inicial –la utopía y la resistencia contra
gobiernos autoritarios que lograron unir a diferentes estratos sociales–, el
vacío de poder fue ocupado por organizaciones políticas que promovieron
diferentes versiones de integrismo religioso musulmán, sin echar para atrás las
reformas neoliberales como en el caso de Egipto, quizás uno de los epicentros
más famosos de las manifestaciones gracias a la renuncia de Hosni Mubarak,
quien llevaba gobernando desde 1981.
Las revueltas del nuevo siglo, sin embargo,
han sido muy diferentes a las del siglo XX, principalmente porque las
generaciones que nacieron y crecieron en el mundo posterior a la Guerra Fría
son escépticas de la organización política tradicional y muchas veces rechazan
instituciones que dirigen
la vida cotidiana de la gente. La crisis de
representatividad política, por otro lado, logró que movimientos de ultraderecha
conquistaran el poder disfrazándose de outsiders sólo para acelerar el proceso
de desigualdad endémico en muchos países. Bevins describe, en la conclusión de
su libro, que la revolución en nuestros años –la capacidad de cambiar de forma
radical un sistema político-económico en decadencia, pero profundamente
arraigado en la sociedad– es un proceso de largo plazo y con muchos altibajos.
Una vez que se puso en jaque a los gobiernos no hubo estrategias para conducir
y darle cause a las expectativas de las masas. Las nuevas rebeliones,
influenciadas por la efímera cultura digital, se unieron gracias a la
indignación, pero perdieron homogeneidad cuando llegó el momento de dar el
siguiente paso.
La instagramización de
la protesta
Otro elemento para tomar en cuenta en el
análisis de las nuevas revueltas es la instagramización de la protesta, su
transformación en un hecho estético para compartir en redes sociales o su
despolitización al volverla un objeto de consumo más, como ocurrió después de
los años sesenta con la contracultura y el movimiento jipi. Una sociedad regida
por la abstracción y lo performático asume que la rebelión es sólo un acto
emocional que apenas interactúa con la realidad. En Hipernormalización,
documental de Adam Curtis emitido por la BBC en 2016, se analiza cómo el fin
del mundo bipolar y el triunfo del libre mercado construyeron una simulación
dirigida por las corporaciones aliadas con los gobiernos, una suerte de
continuación del “There is no alternative” del Thatcherismo de los años
ochenta. En esta simulación todo tiene cabida dentro de los límites bien
marcados del capital y su oferta de experiencias. La década de los noventa
consolidó, de esta manera, los fracasos de las rebeliones fallidas del pasado y
enseñó a los jóvenes de aquellos años que la insurrección podía reducirse a un
estilo de vida hedonista que interpelara al conservadurismo social de antaño.
Hipervigilancia y
censura
Todo se valía siempre y cuando no se
pusiera en duda la sociedad de consumo. Revistas como Vice –emblema de la
contracultura estadunidense de fin de siglo y transformada, con la masificación
de internet, en una exitosa plataforma audiovisual– globalizaron lo
“políticamente incorrecto” para derrumbar los últimos tabúes de la época. Sin
embargo, la búsqueda de adrenalina, de experiencias extremas, volvió a muchos
rebeldes –como Gavin McInnes, cofundador de Vice y posterior fundador de los
Proud Boys, grupo neofascista ligado a Donald Trump– miembros útiles para la
terapia de choque usada por la ultraderecha global y su propaganda impulsada
por los algoritmos. Por otro lado, la revuelta asociada a la izquierda y su
agenda progresista parece concentrarse –al menos en el ecosistema mediático– en
figuras como Luigi Mangione, famoso por haber asesinado a Brian Thompson,
director ejecutivo de UnitedHealthcare. Si Theodore Kaczynski –el famoso
Unabomber– escribió un manifiesto contra la sociedad tecnológica, Mangione es
sólo un video de unos pocos segundos, una cacería ampliamente difundida en los
medios y una avalancha de memes reivindicando al personaje. Los justicieros
solitarios sumados a la demonización de la protesta son aprovechados por una
élite que usa el miedo como una nueva forma de dominio. De esta manera se erige
un Estado policial en el que la hipervigilancia y la censura pretenden
consolidar un muro difícil de sortear para las revueltas de ahora y del futuro
inmediato.
*Fuente:
https://semanal.jornada.com.mx/2026/07/26/hablan-las-masas-la-revuelta-y-sus-variantes-3099.html?
-Alejandro
Badillo. (Ciudad de México, 1977)
-Es autor de los libros de cuento: Ella sigue dormida (Tierra Adentro), La herrumbre y las huellas (Eeyc), Vidas volátiles (BUAP), Tolvaneras (SC Puebla), El clan de los estetas (Universidad Veracruzana.
Premio Nacional de Narrativa Mariano Azuela), La Habitación Amarilla por Editorial BUAP.
-Las novelas La mujer de los macacos (Libros Magenta), Por una cabeza (Premio Nacional de Novela Breve Amado Nervo). Y
Reconstrucción Ediciones EyC.
*
Estamos solos.
Siempre
estamos solos,
con los ojos abiertos
como puertos,
con las manos tendidas
hacia el mar.
Llegan los vientos.
Llegan
hasta la orilla donde
duerme el alba
y el corazón es un
desamparo de gaviotas
buscando en el aire la
felicidad.
*De Mariana
Finochietto. mares.finochietto@gmail.com
-Mariana
nació en General Belgrano, provincia de Buenos Aires, en 1971. Actualmente vive
en City Bell.
Publicó: Cuadernos de la breve ceguera (La Magdalena, 2014)
Jardines, en coautoría con Raúl Feroglio (El Mensú,
2015)
La hija del pescador (La Magdalena, 2016)
Piedras de colores (Proyecto Hybris, 2018)
El orden del agua (GPU Ediciones ,2019)
Madura (Sudestada, 2021)
Quiero sacar la cabeza
por la ventanilla de tu coche (Halley Ediciones, 2023)
Patio (elandamio ediciones, 2024)
Poesía reunida (Medusa editores, 2024)
Trinchera (Sudestada, 2025)
Desviadero (Editorial Mascarón de proa, 2025)
La
cuestión sartreana *
*Por Juan
Forn
El 18 de julio de 1936, el pintor español
Fernando Gerassi estaba charlando con amigos en la vereda del café La Rotonde,
de París, cuando pasó Malraux y les dijo que Franco se había alzado en España y
que había empezado la guerra civil. Gerassi, que estaba cuidando a su hijo de
cinco años mientras su mujer trataba de terminar su maestría en La Sorbonne,
depositó al pequeño sobre la falda de uno de sus amigos, le pidió que le
explicara a la madre lo que había sucedido y se fue a España a defender la
República. Miles de españoles en el mundo hicieron lo mismo, ese día y los días
siguientes. Pero el amigo en cuyos brazos depositó Gerassi a su hijo Juanito
era Jean-Paul Sartre. Hasta entonces, Sartre creía que había encontrado a su
igual en el mundo: Gerassi pintaba como Sartre escribía, en ninguna otra
persona habían encontrado ambos un nivel similar de autoexigencia, en eso se
bastaba su amistad. Y de pronto Gerassi se levantaba de su silla en La Rotonde
y abandonaba la pintura. En su afán de entender las cosas escribiendo sobre
ellas, Sartre convirtió a Gerassi en uno de los personajes de Los caminos de la
libertad, su famosa novela sobre el compromiso. En una mítica escena, Gómez
(Gerassi) se encuentra fugazmente en París con Mathieu (Sartre) cuando ya ha
caído Madrid y le anuncia que esa misma noche volverá a cruzar la frontera para
retomar su puesto de lucha. Mathieu le pregunta para qué, si la guerra ya está
perdida. Gómez contesta su famosa frase: “No se combate el fascismo porque se
le pueda ganar; se lo combate porque es fascista”.
Gerassi era español de alma: había nacido
en Estambul, hijo de judíos sefaradíes, su próspera familia lo había mandado a
estudiar con Husserl en Alemania. Gerassi pasó de esquiar con su compañero de
estudios Heidegger a dejarlo todo por la pintura, robarle una novia al gran
músico vienés Alban Berg (la ucraniana Stepha, que sería la madre de Juanito y
el amor imposible de medio Quartier Latin) e irse juntos a morirse de hambre en
París. Ella trabajaba para que él pintara y, cuando podía, se anotaba en un
curso en La Sorbonne. Así conoció Sartre a Gerassi: Simone de Beauvoir quedó
deslumbrada con Stepha en un curso (y siguió siendo íntima de ella después de
la pelea entre los maridos). Gerassi sólo abandonó Barcelona en el último avión
republicano que zarpó antes de que cayera la ciudad. Se tiró en paracaídas del
otro lado de los Pirineos porque Francia metía en campos a los republicanos que
cruzaban la frontera. El playboy Porfirio Rubirosa, que además de vendedor de
armas ocasional era yerno del dictador dominicano Trujillo, le consiguió unas
visas a cambio de favores prestados (Gerassi y Malraux le compraban a Porfirio
las armas para los republicanos). Gerassi repartió las visas entre sus amigos
judíos en París y se quedó con las últimas tres para su mujer, su hijo y él.
Llegaron a Nueva York poco antes de Pearl Harbor. Dos semanas después, él
estaba con las OSS: su misión (por su experiencia de campo en las brigadas
republicanas) fue ir clandestino a España, armar una red y estar listo para
volar ciertos puentes estratégicos si los tanques nazis decidían pasar por la
España franquista para defender Africa del Norte.
Gerassi se había peleado con los comunistas
en España y después de la guerra se volvió un sospechoso permanente para los
norteamericanos también; en la era macartista le hicieron la vida imposible.
Sobrevivía con Stepha y Juanito en una escuela perdida en Vermont, que ella
convirtió en un establecimiento educativo modelo, la Putney School of Arts.
Después de ponerla en marcha, Gerassi la dejó en manos de Stepha y volvió a la
pintura. Era una suma de desencantos. Nunca quiso exponer, ni volver a militar,
ni tampoco enseñar. Echó a su hijo de la casa a los quince años: Juanito quería
estudiar marxismo y hacer su tesis sobre Sartre. Poco antes había tenido lugar
el único encuentro de Gerassi y Sartre después de la guerra, que empezó con una
visita al MoMA a ver una muestra de Mondrian (“Sí, pero pintar así es no
hacerse preguntas difíciles”, murmuró Gerassi) y terminó cuando ambos se
acusaron a gritos de haber claudicado moralmente, como si frente a frente no
pudieran no ser los personajes de Los caminos de la libertad.
Juanito nunca hizo su tesis sobre Sartre
pero en 1970, luego de recorrer el globo como activista internacional
intentando en vano conciliar en él las tendencias del hombre de acción y del
hombre de ideas (Tribunal Russell, Cuba, Vietnam, Revolución Cultural china,
Bolivia con el Che), Sartre lo ungió inesperadamente como su biógrafo oficial y
arreglaron encontrarse una vez a la semana a charlar delante de un grabador.
Sartre está cansado: la tarea de ser la conciencia del mundo lo abruma un poco
desde que los médicos le prohibieron las anfetaminas. Encontrarse con Juanito
lo hace sentir en familia: Juanito conversa durante la semana con aquellos
cercanos a Sartre en distintas épocas y, cada viernes, le cuenta lo que dicen
(que es bastante, ya que a todos les pasa lo mismo que a Sartre con “el hijo de
Stepha y Fernando”). Pero Juanito, como su padre, no tiene paz: desde el
principio cree que ser biógrafo de Sartre es erigirse en fiscal de cada uno de
sus actos, tal como había hecho con su padre biológico, noche tras noche, hasta
el portazo final (y el instante siguiente, en que oyó a Gerassi gritarle a
Stepha detrás de la puerta: “¡Déjalo! ¡Si puede sobrevivir esta noche,
significa que era hora de irse de casa!”).
Juanito Gerassi durmió sobre esas cintas
casi cuarenta años. Nunca escribió la biografía. Luego de la muerte de Sartre
publicó sin pena ni gloria un voluminoso estudio sobre él (“La conciencia
odiada de su tiempo” es el subtítulo). Veinte años más tarde, cuando le
quedaban sólo tres años de vida, entregó las cintas a Yale a cambio de que
publicaran una desgrabación y selección de ellas hechas por él. Es un libro
patético y tristemente conmovedor a la vez, con su padre, con Sartre y con él
mismo. Marechal decía (y yo no me canso de repetirlo como mantra) que de todo
laberinto se sale por arriba. Juanito Gerassi tenía delante de sus narices la
salida a su laberinto, pero no la vio porque no supo mirar por arriba de aquel
duelo de machos cabríos y hacer foco en Stepha Awdykovicz, su madre, esa mujer
que enseñó filosofía, música, botánica y astronomía a tres generaciones de
jóvenes dotados sin recursos en Norteamérica. Los interesados encontrarán un
capítulo entero dedicado a ella en las Memorias de una joven formal, de
Beauvoir. Yo prefiero cerrar con un hermosísimo retrato que le hace el hijo sin
darse cuenta, cuando Sartre le pregunta en una de las últimas conversaciones
cómo anda de los achaques la hermosa Stepha: “Ya casi no ve, pero conoce tanto
las plantas de su jardín que puede distinguir a tientas los yuyos y sacarlos.
Le duelen tanto las manos que, cuando toca, le caen lágrimas, pero la música la
consuela igual. Está demasiado sorda para oírla, pero dice que la siente a
través de los dedos”.
-Publicado en Página!12 Viernes, 18 de
enero de 2013
*Fuente:
http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-212066-2013-01-18.html
-Juan Forn
(Buenos
Aires, 5 de noviembre de 1959 - Mar de las Pampas, 20 de junio de 2021) https://es.wikipedia.org/wiki/Juan_Forn
Persistencia*
A veces nos sucede que escuchamos una voz
familiar
aquella misma voz, parecida e imposible. O
la risa,
la misma risa archivada que en su tiempo
creímos
o se nos antojó única e irrepetible. O
vemos pasar
una sombra fugitiva entre la gente, con esa
misma
gracia personal y esa manera tan
inconfundible
de moverse. No, no es la voz ni la risa ni
la forma
amadas y perdidas. Estamos solos y sin
testigos
que puedan haber sentido lo mismo y den fe.
Encima no sabemos si eso es un resto de
vida
que aún nos habita o un anticipo de la
muerte
apurada que nos va borrando de a pedazos.
*De Horacio
Rodio. horaciorodio@hotmail.com
-Horacio
nació en Llavallol, en 1954. Realizó talleres con Laura Massolo y Liliana Díaz
Mindurry. Obtuvo más de cien premios nacionales e internacionales en cuento,
poesía y novela, con publicaciones en Argentina, España, Colombia y Chile. Es
autor de los libros de cuentos Palabras
de piedra (Baobab, 1999), Media baja
(Dunken, 2012) y La insistencia de la
desdicha (Ruinas Circulares, 2018), y de los poemarios El cinturón de Orión (primer premio del 15° Concurso “Adolfo Bioy
Casares”, Ediciones Municipalidad de Las Flores, 2022) y El libro de Hopper (Pierre Turcotte Éditeur, Canadá, 2023). Ese
mismo año, el sello español Avant Editorial publicó su novela Ausencia y error. En el 2024 publicó su
libro de cuentos La oscuridad de los
hechos. -Editorial Esa luna tiene agua.
Dama de compañía, editorial After the Storm
www.afterthestorm.store/tiny-books-collection/
Teoría
del conocimiento*
Al ceder con inocencia a los trasiegos del
jardín
puede entrar en el cuerpo cierta tiniebla
que anida allí como un huevo temible.
Esas infecciones intentan combatirse y,
según dicen, entrañan un aprendizaje.
¿Para qué me asomé a la ilusión
de adentrarme en un pequeño bosque?
De sus oscuridades y confusiones
surge una lágrima ácida
aunque nadie sospeche o quienes saben
miren para otro lado.
Ah, será esa la enseñanza
de lo negro. Su luz.
*De Alicia
Salinas. alines.alines@gmail.com
-Poema de su libro Teoría de la niebla
-Alicia
nació en 1976 en Rosario, Argentina, donde vive. Es mujer-madre. Trabaja
como comunicadora social, periodista y docente. Escribe poesía y teatro. Ha
publicado cuatro libros de poesía: La
sumergida, 2003 (segunda edición virtual en 2016), Gallina Ciega (2009), Tierra
(2017) y Teoría de la niebla
(2019). Fue incluida en publicaciones literarias de otros países, y en varias
antologías locales, nacionales y extranjeras. Poemas suyos fueron traducidos al
inglés.
-Su nuevo libro, Díscola. Se presenta el viernes 7 de agosto en Contraviento -
Rodríguez 721 - Rosario a las 19 hs)
*
La locura enreda los
pensamientos como en el sueño. La odiamos porque cuestiona nuestras verdades,
mandatos, convicciones. Porque odiamos cualquier enfermedad y más la del centro
del cuerpo que es el cerebro y porque tememos volvernos ajenos, otros. La odiamos
como hacían los griegos porque es "hybris", desmesura, barbarie. La
expulsamos como si fuera materia de endemoniados, como si hiciera peligrar
nuestra vida. La escondemos como algunos animales ocultan sus deyecciones. No
queremos ni oír sobre ella, ni mirar a quienes la padecen o gozan. Los poetas,
sin embargo, prestan un oído más fino y descubren otro mundo irreconocible, un
excedente de sentido. Y porque poesía, arte, música es delirio, perturbación,
aguja sobre la piel del mundo.
*De Liliana
Díaz Mindurry. lidimienator@gmail.com
Inventren
https://inventren.blogspot.com.ar/
https://cuentosinventren.blogspot.com/
JOKER*
Otra vez aquí, con el olor a cerrado, a
fierro, a butacas de relleno de gomaespuma; los pocos espectadores en lo
obscuro, la pantalla que arroja luces caprichosas alumbrando nucas, rostros en
blanco y negro, y el film transcurriendo allá adelante.
La película es bastante nueva, el Joker,
por lo que supuse que estaría Batman y sería infantil.
No aparece Batman, en todo el tiempo que
dura la proyección no recuerdo al hombre murciélago, sólo me encuentro con el
Joker, ese fantoche atormentado que se ríe por la violencia, por la falta de
simpatía, porque no puede evitarlo, por esa terrible deshumanización de gente
que transcurre sin notar las vidas que fluyen alrededor, sumidas en abismos
inexplicables.
No me importa que la actuación sea hermosa
o dificultosa o meditada. No me interesa cuántos kilos bajó el actor o cómo se
entrenó para el papel. Ha surtido efecto, ha logrado conectar conmigo. Joaquín Phoenix
habrá pensado en el Oscar, o no, realmente no me importa ahora que leo esa
frase espantosa que no escribo en el momento, pero recuerdo en esencia,
dolorosamente. Lo peor de una enfermedad mental es que la gente espera que te
comportes como si no la tuvieses. Es terrible, es cierta, está escrita en los
retorcidos jirones de alma de quienes deben aparentar normalidad, o sea todos,
aunque más esos seres cuyos lastimados cerebros pugnan por ajustarse a lo
canónigo, a lo usual, lo aceptable. Y se quiebran, y sangran, y no pueden
separar lo real para otros de su propia percepción del universo frío, cruel,
distante, inalcanzable. Están solos, más solos que un hombre en el polo, más
solos que el criminal en el cadalso, espantosamente solos en la celda de su mente
blanca y deslumbrante, desmantelada.
Como no soy seguidora de Marvel o de Batman
o de ningún superhéroe en general, como soy una pobre mujer de mediana edad con
las emociones rojas y tibias, dulces y amargas, veo una persona desvalida y
rota, decepcionada, arrojada a lo incognoscible, lo inasible, lo
incomprensible, arrojada a un mundo que pide una corrección, un ajuste
imposible, y lloro a lágrima viva, a moqueo despiadado, a sollozo y a hipo. No
me importa, puedo hacer el ridículo de gemir desde mi asiento.
Me enamoro del personaje sabiendo que es
insostenible, una pura negación de lo que puede hacerme bien. Me enamoro como
quinceañera, como mi amiga Myriam cuando éramos tan jóvenes y me dijo que
quería amar a un muchacho triste, complicado, difícil. Amo a esa figura rota
que baila con orgullo porque sabe que se está muriendo y ya nada más importa,
ese hombre que baila su propia disolución. El baile es importante; los hombros
alzados, la cabeza erguida, la mirada vuelta hacia sí mismo. Baila consigo
mismo, nadie baila con él, se complace en su compañía por ese momento de magia
y peligro. Acepta su insania, en ese momento está orgulloso de respirar, de
estar vivo, toma un baño de yo, como quien deja la barandilla del balcón,
vuela, aún no se estrella en el pavimento.
No advierto nada salvo la dulzura del
derrumbamiento, la malsana alegría de los finales y las despedidas, me miro
allí, me saludo, me encuentro. Pero diferencio muy bien este sentimiento de la
locura verdadera, de lo atroz de estar derrumbado de veras, desleído en el
frágil ser que pierde el control del propio entendimiento. Basta de estupidez y
de falta de respeto, que la locura ni es romántica ni es literaria, duele y es
imposible mirarla a los ojos porque aterra. Pero aquí veo y me conduelo y lloro
por lo injusto, lo irremediable, esa tristeza abisal de la soledad perfecta en
lo más hondo de las simas oceánicas.
Puedo amarlo y puedo saber que nada está en
mi poder para rescatarlo de su infierno. Sé que tender la mano a quien está en
caída libre es como ahogarse cuando se trata de sacar del mar a quien ya está
en plena tarea de morir de asfixia.
Ah Joker, ah personaje siniestro, dulce,
roto, deconstruido. Ah los locos, ah nosotros que hacemos como que no
estuviesen allí, aquí, cociéndose en sus propios jugos, riendo incontrolable,
dolorosamente, como aquel poeta que decía que había que llorar por todo, por
todos, por todo. Y una llora, y ríe, y nada… el mundo sigue doliendo.
Me llevo la película, me ha transformado,
me hizo una muesca más. Confirma lo que ya sabía, veo lo que estoy preparada
para ver, interpreto lo que puedo, lo sé, es mi película, me la llevo
intransferiblemente tatuada en un rincón de mi tristeza.
*De Mónica
Russomanno. russomannomonica@hotmail.com
-Próxima
estación:
LOMA VERDE.
-Continuidad literaria por el Ferrocarril Provincial:
ESTACIÓN SAMBOROMBÓN.
GOBERNADOR DE SAN JUAN RUPERTO GODOY.
GOBERNADOR OBLIGADO.
APEADERO DOYHENARD.
ESTACIÓN GÓMEZ DE LA VEGA.
APEADERO INGENIERO RODOLFO MORENO.
ESTACIÓN ÁNGEL ETCHEVERRY.
APEADERO LISANDRO OLMOS.
GOBERNADOR GARCIA.
LA PLATA.
InventivaSocial
Plaza virtual de
escritura
-Editor
responsable: Lic. Eduardo Francisco Coiro.
Blog histórico
& archivo: https://inventivasocial.blogspot.com/

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