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SEGUNDA CARTA A URBANO.

Querido don Urbano, le cuento que me cuesta mucho hacer el prólogo de sus idas y vueltas por las vías del ferrocarril. Usted sabrá a que me refiero, yo veo en UD la melancolía de las estaciones que son las que ha caminado desde su experiencia , con los ecos de las locomotoras a vapor, con ese vaivén del recorrido por los rieles atravesando las taciturnas pisadas de los que viajan en sus vagones de madera.
En cada estación que toca la tradición existen personajes de una envergadura conquistada por los reconciliados motivos de su andar. Ellos le dan el matiz necesario para seguir recorriendo con sus vivencias el color propio de cada lugar.
Así, por ejemplo en la estación La Plata aprecio, el aroma de los tilos, que en la primavera florecen con el caudal de sus hojas. Tan cercano se encuentra el Hipódromo de La plata, que en cada 19 de noviembre vibra el Dardo Rocha, con su corrida de caballos altaneros y salvajes buscan llegar a la final y ganar el primer premio. Los asistentes se visten de fiesta, coleccionando sus licencias para vencer. En ese fugaz intento de sentirse vencedores del azar. Donde-por unos minutos- apuestan a una vida mejor. Allí olvidan sus condenas. Pretendiendo conquistar en el juego la omnipotencia de sentirse protagonistas y digitar el destino. Así los caballos de pura sangre con sus patas largas, perfiladas como esculturas románticas van a cabalgar dirigidos por el deseo de ser ganadores en la empresa de la incertidumbre.
Los tonos de sus monturas son seguidos por la mirada de sus ambiciones. Son muy pocos los que logran en décimas de segundos llegar a triunfar. En ese instante de pelea por ser los premiados saltan las fantasías de haber encontrado el verdadero acertijo.
El que durará el salto que tarda el despertar del sueño a la vigilia.
Don urbano invita a todos los creadores a viajar por los paisajes de su inventren. La condición es estar dispuestos a viajar por perspectivas de utopías y soltura.


Azul.-

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